lunes, 24 de marzo de 2008

Optimismo y desgracia ya no son lo que eran

A las palabras se les da a veces un sentido por el que pierden su significado en función de la reacción que se quiera provocar en quien las escucha.
Un informativo de ayer por la noche se abrió con la noticia de que Fernando Alonso sólo había cosechado el octavo puesto en determinado gran premio automovilístico, noticia que el informante calificó, con semblante y actitud severas, como "desgraciada" para el deporte español. La segunda noticia fue el resultado "optimista", en víctimas mortales por accidentes de tráfico, que hasta entonces habían tenido las minivacaciones de semana santa, cuyos datos ofreció el mismo informante con semblante y actitud más relajada y sonriente.
Por lo visto, y también leído, desgracia y optimismo han ganado en trivialidad de un tiempo a esta parte, de tal modo que quienes hayan visto perder a su equipo en el terreno de juego deben sentirse desgraciados y llorar sin consuelo por la victoria que les fue esquiva. De la misma manera, quienes hemos regresado sanos y salvos del holgar de estos días tenemos motivos para sentirnos optimistas por no habernos dejado la piel en una curva, y quienes perdieron a uno o más seres queridos deben sentirse también satisfechos porque pudieron haber sido más. Una suerte y un gran consuelo desde ese punto de vista. Como también lo es que en Irak, en el Tíbet, en Afganistán o en las Molucas hayan muerto hoy menos personas que ayer, hecho este que, de ser cierto, habría que festejar con el optimismo que requiere la ocasión.
Desgracia y optimismo ya no son, desde tal perspectiva, lo que eran, y si hacemos caso a esa deriva semántica ambas palabras acabarán, con el tiempo, significando lo contrario de lo que significan por el inadecuado uso que se hace de ellas en contextos en los que, además, eran fácilmente evitables o sustituibles.
Les ocurrirá, entonces, lo que a otras con el paso del tiempo. Un ejemplo: "guay", que en castellano antiguo era una exclamación de lamento (¡Guay de quien con vos contiende! o ¡Guay de aquél que nunca atiende galardón por su servir!, como atestiguan estos versos de Santillana y Manrique, respectivamente) y actualmente es todo lo contrario, es decir, una exclamación, ¡casi un multiadjetivo!, con la que se expresa júbilo, alegría, aceptación y un largo etcétera de calificativos como "genial", "fantástico", "estupendo", "maravilloso".
Espero no oír nunca al informante de anoche nuevas como: "El número de víctimas en accidentes de tráfico se ha reducido a la mitad este año. ¡Qué guay, señores! ¡Es para sentirse optimistas!".

10 comentarios:

Alicia dijo...

Hola Guillermo.
Cierto..qué guay!...
Estadísticas diarias, curvas que suben y bajan en algún frio plano. Palabras, sensaciones que en este comienzo de siglo no es más que humo sin profundizar en la base de una buena información.
Qué está pasando? Tienes razón, con el tiempo el significando será lo contrario de lo que significan por el inadecuado uso que se hace de ellas...
Hoy me ha entristecido leer que han muerto tiroteados cinco trabajadores de una ONG y siete han resultado heridos en Afganistán, que se sigue asesinando a mujeres víctimas de la violencia machista...en qué contexto ponemos estas informaciones? es igual de desgracia como la de Fernando Alonso?

Muy buena reflexión Guillermo.

Makiavelo dijo...

Por desgracia todo se vanaliza.

Feliz retorno.

Melissa González dijo...

¡Me ha gustado esta entrada!
Todo es culpa del cambio semántico y de los diferentes contenidos que se encuentran en el signo lingüístico.. si ya lo decía Álvaro...

Besiños

Julio Torres dijo...

Podería falar moito deste artigo. Vou tratar de ser sintético:

1- Moitas veces os informativos priorizan temas vanales ou do ocio, no canto de noticias máis serias e importantes.

2- O dos accidentes paréceme mentira que se siga dicindo que hai menos mortos que o ano pasado. Primeiro porque parece que xogamos con víctimas humanas como se fosen so números. E dous porque o que non se di e se o número de accidentes diminuiu ou non. Coido que é máis importante o dato dos accidentes que o dos mortos. Nun accidente pode morrer xente ou non. Pero o de respetar o código de circulación e o tema do carnet por puntos debería verse no número de accidentes, non no de mortos.

Espero ter sido claro e conciso.
Un saúdo Guillermo e suscribo plenamente o que afirmas.

Carpe Diem

Jluis dijo...

Si Guillermo. Como dices, además del plano semántico, es llamativo el tema del lenguaje no verbal en los tele-informativos.

Ceños fruncidos saltan a alegres expresiones que se convierten en miradas interrogativas o, lo mas llamativo, a suspiros resignados.

Un abrzo

Irreverens dijo...

Muy buen post, Guillermo.

A mí lo que más me calienta de las noticias de la TV es que nos quieran "vender" la noticia mediante toda suerte de calificativos que nada añaden en cuanto a información y sólo sirven para envolver los datos con el papel que interesa.

Como, por ejemplo, lo de las últimas elecciones en España, cuando todo el mundo hablaba de "emoción", "espectáculo", etc. y todo el rato se establecían paralelismos con el mundo del deporte y más concretamente (cómo no) del fútbol.

A mí me parece lamentable, la verdad.

Martín Bolívar dijo...

Quizás exista pobreza en el lenguaje, escasez de medios literarios y poco esfuerzo por hacer atractivas las noticias con buena imaginación e ingenio. La rapidez o tener que llenar el espacio en un determinado número de líneas obliga a los televidentes y a los lectores de los diarios a pasar página rápidamente. Posiblemente existan errores en la edición de las noticias, puesto que en algunos casos serán necesarias diez líneas para difundirlas con dignidad, suficientes para entretener al lector, pero los periódicos hay que llenarlos con el mismo número de páginas cada día y, a veces, no hay tantas noticias para ello. Por otro lado, particularmente me dan asco los grandes espacios dedicados a alimentar el morbo, simplemente para vender más periódicos o aumentar la audiencia de los programas de televisión. Sería mejor conquistar nuevos lectores, nuevos televidentes, con noticias atractivas que puedan ser como las obras de arte, una síntesis magistral, y los lectores lo agradeceríamos e igualmente nos interesaríamos más por la tinta impresa en el papel.

Aldabra dijo...

Buenos días, Guillermo:

¡¡Cuánta razón tienes!!, entre todos estamos destrozando el lenguaje todo cuanto queremos y más, y en ese "todos" también se incluyen los informadores que deberían dar un poco de ejemplo para que el resto de los normales no nos perdamos por el camino...

Pero es que ahora los "telediarios" (a mí me gusta conservar esta palabra que me recuerda a mi abuela que lo veía toditos los días) parecen "bazares de noticias", en los que uno se adentra y encuentra de todo, desde una terrible guerra en un país no tan remoto, muertos convertidos en números y estadísticas (me horroriza alegrarnos de que mueran menos porque ¿quién lamenta a los que mueren?) hasta un divorcio de cualquier friqui o las avatares de un vestido de novia.

¡¡Penoso!!

Yo entiendo los telediarios como algo serio y me enfermo cuando observo esas salidas de tono.

Un saludo,
Aldabra

Anónimo dijo...

Me encanta tu blog.

Saludos de una compañera de Filología Hispánica. :)

Guillermo Pardo dijo...

Gracias a todos por tan elogiosos comentarios, incluida a la anónima compañera de Filología Hispánica. Saludos.