Me ilusiona y me alegra pensar que entro en un mundo, el de los blogueros, en el que voy a ser recibido como un amigo. Esa es la imagen que he construido de quienes buscáis en la comunicación una forma de entendimiento universal que nos permite llegar donde no llega la mayoría. Porque es así: somos una minoría tocada por la gracia del privilegio, pues nunca tan pocos hemos tenido la posibilidad de influir tanto, aunque esa influencia sea a veces mal utilizada.
Migramundo es una simbiosis, una síntesis lingüística de migración y mundo, dos palabras conceptualmente hermanadas desde el mismo instante en que el hombre sintió la necesidad de buscar nuevos horizontes para garantizar su sustento y el de los suyos. Nada nuevo, pero a la vez muy próximo porque desde entonces no hemos dejado de movernos. Pero Migramundo es también “mi mundo”, “mi gran mundo”, “mirar el mundo”, lo que significa que, aunque tendrán preferencia, los movimientos migratorios no serán la única salsa en que moje mi pan.
A los que me recibís, gracias por abrirme las puertas; a los que llegáis: bienvenidos.