Cada uno en la medida de sus posibilidades, desde luego, pero todos podemos emular, de alguna manera, a Vicente Ferrer en su trabajo solidario allí donde la globalización tiene cara de miseria y es una forma de explotación más.
La fundación que lleva el nombre del ex jesuita recientemente fallecido quiere continuar y extender su obra más allá de donde la ha consolidado, y para eso necesita más apoyo privado a través de la financiación del apadrinamiento de niños.
Es muy sencillo y solo supone un desembolso mensual de 18 euros. Lo banal y lo superfluo cuestan mucho más.
Blogger...toc, toc... ¿dónde estás?
Hace 5 horas








