viernes, 21 de septiembre de 2012

La tartera, símbolo de actividad social

Es verdad, mi verdad, que si no te mueves no despejas el camino.
No es ninguna cita, solo se me acaba de ocurrir leyendo la historia de Martha Payne y su iniciativa de fotografiar su bandeja de comida y las de sus compañeros de colegio, escribir sobre ello y publicarlo en su blog. Así pudo contribuir, con apenas 10 años, a la construcción de una escuela en Malawi. Mucho más de lo que muchos hemos logrado en medio siglo de vida escasamente biografiable.
Uno de los efectos más llamativos que tuvo la iniciativa de Martha fue el sarpullido que su inocente iniciativa provocó en el poder político de su comunidad, siempre celoso, como todos los poderes, de procurar el control y buen gobierno de las acometidas de sus gobernados, cada vez más dóciles en su papel de súbditos. Pero mira por dónde algunos que se resisten a abandonar su condición de ciudadanos han hecho recular al poder político y, con ello, conseguir que Martha pueda hacer libremente lo que le gusta y, además, mantener esa virtud que en los niños no tiene doblez ni condicionantes: la solidaridad.
Las bandejas de comida en los colegios -las tarteras, los táper, las potas- se han puesto de moda para demostrar que es simplemente falso que "menos es más" o que sea posible "hacer más con menos". Los milagros con panes y peces no existen.
Ahora las tarteras no son solo meros utensilios de provecho. También son armas arrojadizas contra la desfachatez de no pocos dirigentes y símbolo de insospechadas, asombrosas y felices actividades sociales.

1 comentario:

Francisco O. Campillo dijo...

¡Qué caro eres de ver!
Nos hablas de panes y peces. Leyéndote, yo he recordado al hijo pródigo ;-)