sábado, 24 de mayo de 2008

Olores

Cuando era niño, mi madre solía contarme que mi primer impulso de neonato fue capturar olores.
Cuando pienso en ello me imagino lanzando una manita al aire para atrapar el aroma a lavanda que según ella perfumaba la habitación.
Ella dice que todo tiene olor. Los amaneceres huelen a pan recién hecho y los atardeceres a trigo maduro. Incluso los nombres desprenden esencias de quienes los llevan.
Huelen las flores, sí; pero también el vuelo de los pájaros, el sonido de las campanas y los tirabuzones de los niños cuando cabriolean al viento. Fluye la vida en los olores como la savia fluye en los árboles y la sangre en las venas.
Vivir sin olores tiene que ser peor que vivir lisiado porque no oler es como no sentir, del mismo modo que no amar es como no vivir.

14 comentarios:

Aldabra dijo...

¿Sabes a que me huele este post?... a lavanda... yo adoro las lavandas... su color, su forma de moverse y ese aroma que desprenden cuando pasas por su lado...

pero también me huele a bebé... a ternura... a abrazo... y a calcetines de rayas y patucos... je je je

uhmmmmm, que agradable!


¡¡que bello lo que has escrito, Guillermo!!

muchos bicos,
Aldabra

Julio Torres dijo...

Moi bonito o post. O non ter olfato é algo malo, aínda que para certos olores poida ser unha vantaxe. Iso si, dos 5 cinco sentidos, os máis necesarios son, coido, a vista, o oído e o tacto. O olfato e o gusto tamén son moi importantes, pero os outros 3 son aínda máis vitais.

Un saúdo, amigo
Carpe Diem

Cruxens dijo...

Boas!. Tamén as lembranzas arrecenden, ou máis ben algúns olores traen lembranzas, de lugares, de mozas... A mín ista bitácora úleme a frescor, a choiva recén caída de verán, será lavanda ló?
Saúdos e aburiño

cristobal ramirez dijo...

En fin, voy a poner la nota prosaica: a mí ningún olor me recuerda mi niñez. Pero reconozco que el post es una maravilla.

Ad astra per aspera dijo...

conozco a dos personas que no pueden oler. me parece terrible, también yo soy una lunática de los olores!

Alicia dijo...

Ays Guillermo..esa cualidad también puede ser negativa...ejjeje.
Te invitaria a pasear por los pasillos de mi hospital..lo malo que tendrias pesadillas...ajja.
Sabes el chiste del ciego??? me viene a huevo:
"Un ciego que parado en un paso de cebra,pasa un camión de pescado y exclama:
-"Tiaaa bueeeeenaaaaa...."
ajja
Besos

Irreverens dijo...

Cuán cierto es.
:)
Yo siempre asocio un olor a cada ciudad en la que he vivido, por ejemplo.

Guillermo Pardo dijo...

Cruxens: En efeto, as lembranzas tamén ulen. As da infancia teñen un olor especial, que dalgún xeito eu relaciono coa luz.

Irre: A mí me pasa igual con algunas, especialmente con tres: Barcelona, Lisboa y Estambul. Hay algo para mí en su atmósfera que las hace sensorialmente especiales.

Aldrabra: Tienes un olfato de gran capacidad que te guía sabiamente.

Gracias por palabras tan alentadoras.
Saludos y abrazos.

entrenomadas dijo...

Me pasa como a Aldabra. Yo adoro la lavanda, de hecho siempre que duermo fuera me voy con un saquito para sentirme como en casa.
El universo de los aromas tiene un lugar muy importante en el cerebro, va directo al campo de los sentidos y al de las emociones.
Además los aromas de la infancia están grabados en la memoria.
El padre de Sussa trabajaba en el teatro, quizá por eso Sussa adora ir al teatro. Siempre dice que allí huele bien.
MI padre era sastre, yo entre cajas de hielos me siento bien. Eso es porque nuestros cerebros guardan los aromas de la infancia.
No recordarlos es perderse mucho.

Un bico,

M

entrenomadas dijo...

Ay, quería decir cajas de hilos, no e hielos. Agggg, se nota que es un lunes lunático el mío.

Sorry,

M

world dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Irreverens dijo...

¿A qué huele Barcelona, según tú?
:)

Nanny Ogg dijo...

No oler es no sentir y no recordar porque nada nos despierta más el recuerdo, nada nos transporta mejor a otros lugares y tiempos que los olores.

Guillermo Pardo dijo...

Irre: Me encanta Barcelona, mi ciudad preferida en muchos aspectos; pero siempre que pienso en ella no puedo evitar volver a sentir el olor a combustible quemado, a gas, que inunda sus principales calles y barrios, desde Grácia al Port Vell a la redonda.

M: las sastrerías de antes olían a paños y a hilos, en efecto. Afortunadamente no a hielo, jeje.

En efecto, Nany, para mí los olores están indisolublemente unidos al recuerdo. Forman parte de la nostalgia, del romanticismo y la melancolía.

Gracias y besos para todos.