viernes, 7 de marzo de 2008

David Beriain: "Mataría para sobrevivir"

Tiene aspecto de marine norteamericano, pero no es de los que van por la vida gritando "señor, sí señor". David Beriain no grita ni está en pie de guerra, como dice el título de su bitácora. Más bien parece bastante pacífico. Así lo recuerdo desde que fuimos compañeros en La Voz de Galicia. Pero también recuerdo las exquisitas galletas que traía cada vez que regresaba de su tierra navarra, esas galletas con sabor a abuela que cocinaba su tía, que él llevaba a la Redacción para compartirlas y que devorábamos con el deseo de que volviese pronto a visitar a su para nosotros ya añorada galletera. Cuando supe que se marchaba a cubrir la guerra de Irak me sentí como conmocionado porque alguien próximo a mí viviese semejante experiencia en aquel momento tan crudo. Fue una sensación inexplicable de la que sólo conservo el silencio que la envolvía. Al contrario que el recordado José Couso, David tuvo la suerte de esquivar los cañonazos norteamericanos y volvió para marcharse a Afganistán, ese país donde el rojo vital de las amapolas rivaliza con el negro mortal de los kalashnikov. Como reportero, necesita moverse; como persona, sigue buscando. Ahora trabaja para adn.es, desde cuyo blog sigo sus huellas, y acaba de regresar de Colombia. Es como sentirse EntreBlogueros.

-¿Por qué los periodistas que cubrís conflictos ponéis nombres tan guerreros a vuestros blogs?
-En el caso del mío queríamos dejar clara que la temática iban a ser los conflictos armados y que íbamos a intentar cubrirlos a pie de obra, no desde un escritorio ni desde un cuartel. Quisimos dar a entender que la filosofía del blog es tratar de pasar por lo que pasan los protagonistas de las historias, compartirlo, no para contar lo que nos pase a nosotros, sino para tratar de entender mejor a los protagonistas, que son siempre los otros.
-¿Qué hay de atractivo en ser corresponsal de guerra que no tenga ser corresponsal de paz? ¿El riesgo? ¿La notoriedad? ¿La huida de otra realidad?
-A mí, desde que empecé en el periodismo, me atrajo el lado más duro de la realidad. De alguna manera, no parece ilógico que acabara cubriendo una guerra. A mí lo que me atrae de este trabajo no es el riesgo. No soy un adicto a la adrenalina, ni alguien que se ande tirando de puentes cuando llega a casa para seguir con el subidón. En realidad soy bastante miedica. Lo que me engancha de lo que hago son las conversaciones con las personas que sufren y viven la realidad de la guerra. Ese privilegio de estar ahí y compartirlo con ellos. Esa ventana a su mundo y esa posibilidad de contarlo. Conseguir que alguno de los lectores se ponga en las botas de esa gente, que entienda más allá de los números concretos y de la geoestrategia. Que comparta.
-¿Es compatible este periodismo con la vida familiar?
-No niego que es difícil. Mucho más en nuestra cultura. Pero he conocido periodistas fantásticos que están casados y lo llevan bien. Supongo que es cuestión de compromisos.
-¿Qué hace un corresponsal de guerra cuando está alejado del frente?
-En mi caso, disfrutar de mi pueblo, Artajona, y de mi gente. Intentar apreciar las cosas pequeñas, disfrutar con la partida de mus, de las comidas de los domingos en casa de mi abuela. Ser lo más “normal” posible. No alguien que espera como un gato encerrado a que suene el primer morterazo para sentirse libre. Es indispensable no desconectarse de la realidad que vivimos aquí, en nuestra sociedad, porque escribimos para ella. Si no somos parte de ella, difícilmente podremos contarle nada. Somos corresponsales y eso, en sentido estricto, significa que uno va a esa otra realidad a contarla para los que se quedan aquí, una especie de delegados. Y un delegado no puede ser ajeno a los que delegan en él. Al menos eso es lo que yo creo.
-Escribir en papel o en blog, ¿cuál es la diferencia?
-A mí el blog me ha dado una libertad que no encontraba en el papel. No sólo por el espacio, sino también por el formato. Tengo la impresión de que los periódicos tradicionales tienen unos formatos y unas temáticas muy determinadas de las que resulta difícil abstraerse. También están las posibilidades multimedia que nos ofrece Internet, que en mi caso me han dado mucho juego. Pero también quiero dejar claro que para mí lo que hago en el blog no es distinto de lo que hacía en papel. Para mí es periodismo del de toda la vida. El de ir, ver y contar.
-¿Qué valor aportan los comentarios de los lectores?
-Todo el del mundo y más. Digo, y no quiero que suene a retórica, que el de nuestro blog es un viaje compartido, de los lectores y mío. Su punto de vista, sus sugerencias, hacen que incida más en unos aspectos o en otros. Veo que cosas he explicado mal y cuáles hay que cambiar. Y luego están los ánimos. Hay días duros que se salvan por uno de esos comentarios.
-Según tu experiencia, ¿qué hay de diferente entre unas guerras y otras?
-Casi todo. Las guerras tienen una naturaleza propia y común que vienen del hecho de que la gente se mata con unas armas. Pero ahí acaban las coincidencias. Cada lugar es distinto, hay que moverse de una forma distinta y la gente es totalmente diferente. No tiene nada que ver Irak con Afganistán, ni con Darfur, ni con Colombia, donde estoy ahora.
-¿Hasta qué punto corre peligro tu vida y qué precauciones debes tomar?
-No hay forma de abstraerse del peligro. Los periodistas no tenemos ninguna garantía especial de que no nos vaya a pasar nada. El derecho internacional nos protege, pero no corren buenos tiempos en lo que se refiere al respeto al derecho internacional. En cuanto a las precauciones, bueno, es conveniente tener entrenamiento en situaciones de combate, saber identificar peligros. Y, desde luego, la experiencia es un grado. Hay que ser frío y calcular. ¿Cuánto riesgo voy a asumir por esta historia en concreto? ¿Puedo hacerla de una manera más segura? Pero el riesgo está ahí. Es inherente a nuestro trabajo.
-¿Las tomaba José Couso? ¿Lo conociste? ¿Cómo era?
-José no era un novato. Era un periodista experimentado, con una trayectoria. Yo no lo conocí personalmente. Estaba con el otro equipo de Telecinco en Irak cuando sucedió. Fueron dos días muy duros. Primero Julio Anguita Parrado. Después él. Creo que aquello nos dejó muy claro a todos que el precio por estar allí podía ser muy alto.
-¿Has perdido a otros compañeros o amigos?
-He perdido conocidos y algún que otro amigo. Unos eran periodistas y otros combatientes, soldados o guías de periodistas.
-¿Qué se pone más sobre la mesa a la hora de la verdad: huevos u ovarios?
-Pues cada uno pone lo que tiene. He visto muchos ovarios en acción y muchos huevos. Pero lo más encomiable es cuando se pone cerebro y corazón. Cerebro para saber contar la historia y corazón para tener empatía, para darse cuenta de lo que le pasa a la gente. Eso es lo más importante.
-¿Cuál fue la situación más desesperada que viviste o de la que fuiste testigo y qué música de fondo le pondrías?
-En septiembre del año pasado entré en Muqdadiyah, una localidad iraquí tomada por Al Qaeda, con una unidad norteamericana. Diez soldados de esa unidad no volvieron, incluido el conductor del vehículo en el que yo viajaba. Lo mató una bomba en un momento en que yo andaba a pie. Hubo atentados suicidas, bombas, tiroteos. La misión fue un desastre. Por eso escribí una serie de cuatro entregas en el blog que titulé La batalla perdida de Muqdadiyah. El tercer día, cuando murió Luigi, el conductor, nos encontramos en retirada en una ciudad hostil, ocupando una casa y esperando el siguiente ataque. No llegaban ni los refuerzos ni las provisiones. Por la noche la temperatura era de unos 35 grados. Teníamos media botella de agua caliente para cada uno y una ración de comida. El soldado que estaba a mi lado me miró y entre lágrimas me dijo: “David, si no salimos de aquí, tú cuenta nuestra historia”. Cuando a nadie le quedaba nada que decir yo me puse los cascos de música que llevaba. El MP3 estaba en modo aleatorio. Sonó Al Alba, la canción que Luis Eduardo Aute escribió a los que iban a ser fusilados al día siguiente por el régimen de Franco. Decía: “Maldito baile de muertos, pólvora de la mañana. Presiento que tras la noche, vendrá la noche más larga. Quiero que no me abandones, amor mío al alba”. Aquella noche esa canción sonaba como la banda sonora de todo aquello.
-Como los abuelos, ¿los reporteros cuentan batallitas?
-Demasiadas. Este es un trabajo de egos grandes y de demasiada vanidad. Yo no soy una excepción, lamentablemente.
-En muchos de los países en que has estado la vida tiene poco valor. ¿Matarías para sobrevivir?
-Estoy convencido de que sí. Muchas veces me preguntan si tengo miedo en la guerra. El miedo es algo que uno tiene cuando tiene tiempo para pensar, si no es tensión. Yo tengo miedo, pero mi mayor miedo, el mayor vértigo que he sentido es cuando no he conseguido establecer la distancia que a mí me gustaría entre ese que está delante de ti matando y tú mismo. Cuando te das cuenta de que no es distinto a ti. Eso asusta.
-De los conflictos que conoces, ¿cuál sería el más fácil de resolver y por qué crees que no se resuelve?
-Lo cierto es que no hay ninguno fácil de resolver. Todos hunden sus raíces en historias muy complicadas. Darfur, por ejemplo, parecía fácil de resolver al principio porque los rebeldes no pedían sino que se le prestara más atención a la zona y que dejasen de matar a los negros. Pero eso, digo, fue muy al principio. Ahora todo el mundo se ha manchado mucho y ya no es tan fácil establecer víctimas y verdugos.
-¿Cuál fue tu peor experiencia y qué película elegirías para recrearla?
-Las experiencias más duras, de combate, las he vivido en Irak. No se me ocurre ninguna película que refleje con fidelidad aquello, pero sí un libro: Las cosas que llevaban los hombres que lucharon, de Tim O´Brian. No habla de Irak, sino de su experiencia en Vietnam. No conozco a nadie que refleje el miedo, la incertidumbre moral y el dolor de la guerra como lo hizo él.
-¿Cómo ves la labor de las ONG en los países en conflicto?
-Creo que son necesarias y creo que es justo decir que han salvado muchas vidas. También creo que hay muchas clases de oenegés y que muchas no son muy buenas. No lo digo yo. Si uno pregunta a Unicef con qué oenegés trabaja sobre el terreno le darán una lista muy corta. No se fían de las demás. Creo mucho en el trabajo de las oenegés en temas de desarrollo, no tanto en cuestiones de emergencia.
-Si tuvieras que ilustrar con un cuadro el horror que has visto, ¿cuál elegirías?
-Sin duda, a Goya. La carga de los mamelucos o Los fusilamientos del 3 de mayo. Nadie que yo conozca ha retratado la guerra, con toda su intensidad y su horror, como él.

Su experiencia en Irak
Con Jon Sistiaga

13 comentarios:

Nagor dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Francisco O. Campillo dijo...

Llevé a mis hijas al Prado a ver media docena de cuadros, sólo seis. Cuando salimos, le pregunté a Ana -5 años por aquel entonces- que cuál era el que más le había impresionado.
-El de los muertos.
Se refería a Los fusilamientos. Goya en estado puro.

Me ha impresionado el pasaje en el que "suena" Al Alba y el ambiente que destila la entrevista.

Makiavelo dijo...

Buena la entrevista, y un tipo realmente interesante. Lo visitaré.

Saludos.

entrenomadas dijo...

Magnífica entrevista, magnífica persona. Lo visito ahora mismo. Gracias.

Un beso,

Guillermo Pardo dijo...

David ha elegido muy bien la canción y los cuadros para tratar de representar ciertas sensaciones, porque, en efecto, cada uno transmite el horror, la soledad o el dolor de forma muy personal, pero que podemos compartir colectivamente.
Gracias a todos.

Marta G.Brea dijo...

Interesantísima entrevista, David es ya un referente, al que sigo desde siempre.

Me gustó mucho lo que dijo de que "es indispensable no desconectarse de la realidad que vivimos aquí, en nuestra sociedad, porque escribimos para ella".

Bss

Julio Torres dijo...

Moi boa entrevista -como non podía ser menos de ti-

Un saúdo, amigo
Carpe Diem

Canal Solidario dijo...

¡Hola!

Te hemos enlazado en el repaso semanal que desde Canal Solidario hacemos de la blogosfera.

Puedes verlo en este enlace: http://www.canalsolidario.org/web/noticias/noticia/?id_noticia=9785)

También te animamos a conocer y participar en nuestro blog '¿Consumes o te consumen?' (http://www.canalsolidario.org/consumesoteconsumen/) creado para el Día Mundial del Consumo que se celebra el próximo 15 de marzo.

¡Muchas gracias!

Un saludo!

Alicia dijo...

Buenísima entrevista Guillermo!...
Admiro profundamente a estos profesionales..
Un abrazo!

La de Artajona dijo...

Maravillosa entrevista, maravillosa labor para el mundo y maravillosa adoración que al igual que yo sientes por Artajona, nuestro pueblo. Los artajoneses estamos orgullosos de ti y queremos que no cambies, que sigas volviendo a la realidad de la vida, a Artajona. Mi más sincera admiración por tu trabajo y tu persona. Nos veremos por la calle empredada. Besos y hasta pronto. La de Artajona.

Anónimo dijo...

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