martes, 14 de octubre de 2008

Cuestión de desconfianza

Yo era de esos tipos que acudía confiadamente al banco a depositar mis ahorros, firmar hipotecas y otros documentos y hacer transferencias dinerarias. Y después les estrechaba la mano.
Yo era de esos tipos que confiadamente depositaba mi confianza en las operaciones financieras que ellos hacían con mi esfuerzo, es decir, con mi dinero, sin saber a ciencia cierta si especulaban con él, cómo y dónde, qué compraban y vendían, cuánto obtenían y con quien negociaban. Y les estrechaba la mano.
Yo era de esos tipos que confiadamente me dejaba aconsejar por quien se suponía sabía más que yo (¡qué gran verdad!) y me orientaba sobre qué productos bancarios eran más interesantes para mi capital, con el plus añadido de que, además, contribuía a sus obras sociales y al apoyo económico de organizaciones civiles de ayuda a colectivos desfavorecidos. Y les estrechaba la mano.
Yo era de esos tipos que confiadamente podía añadir ejemplos y ejemplos de casos en que deposité mi confianza en esos fulanos porque supuestamente el sistema me protegía de las díscolas decisiones y orgiásticas farras que se corrían a mi cuenta. Y lo grotesco del asunto es que al estrecharles la mano les estaba dando, simbólica y tácitamente, mis bendiciones para que actuasen según lo acordado en cada momento.
Ahora soy de esos tipos, no sé si muchos o pocos, a los que todavía (y toco madera) no le han asaltado la cuenta bancaria, pero soy de los muchos que, cada vez más desconfiadamente, nos dormimos recordando el aserto de que donde hay humo hay fuego. Yo, que siempre me dormía pensando en lo bueno de mañana.
Ahora, y gracias a esos fulanos que además permiten que otro fulano como Bush se erija en paradigma de la solvencia y la confianza mundial, soy de esos tipos que camina al bies para tratar de ver de qué lado le van a venir; que cancela cuentas en ciertos bancos y abre las justas para pagar el alcantarillado y gracias, que retira confianza y apoyo económico a ciertas organizaciones, y que en solidaridad con el resto de mis congéneres víctimas de la estafa cometida sobre nuestra confianza, extiendo mi brazo derecho, doblo mis dedos índice y anular y extendiendo el medio les mando allí donde termina la columna vertebral.
Y les recuerdo, con elegancia renacentista, que para recuperar mi confianza lo primero que tienen que hacer es plantearse una cuestión de desconfianza. Luego, ya veremos.

5 comentarios:

Francisco O. Campillo dijo...

... de cuando las obscenas ganancias se quedaron en los bolsillos de cuatro listos y las pérdidas hubo que pagarlas a escote entre todos.

Martín Bolívar dijo...

Está muy descripta, y escrita, una situación que padecemos, por desgracia, muchas víctimas inocentes de los pícaros del dinero, que se aprovechan y conocen los vericuetos de la economía global, del liberalismo salvaje del capitalismo.

Aldabra dijo...

Has sido muy elocuente en tus afirmaciones tajantes y acertadas. Nunca he tenido que tratar con banqueros por lo cual me siento afortunada, tanto porque no tengo mucho pero tampoco debo nada. Tengo lo suficiente, unos pequeños ahorrillos para ir tirando. Si me faltara eso sentiría que me arrancan un trocito de vida. Estos días he pensado mucho en el corralito argentino, cuando la gente no podía sacar "SUS AHORROS". ASí que estoy pensando en volver a los tiempos del colchón como mis antepasados. Y comprarme también una hucha que parece que se ha puesto de moda y se venden más que nunca.

Es terrible ¿verdad? No quiero tener miedo porque ya tengo demasiados miedos pero... asusta, todo esto huele mal.

bicos,

Aldabra dijo...

Se me olvidaba decirte (lo cual es normal porque hasta me olvidé que hoy no tenía clase y fui... pero bueno) que echo de menos tus textos más intimistas, en serio. Espero que no los hayas aparcado definitivamente. Me gusta enterarme de las noticias por tu blog y por otros de estilo periodístico (no leo ningún periídico, veo las noticias de la tele) pero me gustaba como contabas pequeños asuntos cotidianos.

bicos,

Julio Torres dijo...

Tés máis razón que un santo Guillermo. O curioso é que os intereses por ter cartos no banco son irrisorios, e por riba cobran por usar tarjetas de crédito que a eles lles beneficia porque reciben un porcentaxe do que nos gastamos....E tantas cousas +....

Un saúdo, compañeiro
Carpe Diem