martes 1 de septiembre de 2009

La emoción más importante

Si cada persona es un mundo, probablemente existen tantas emociones como personas.
Para el escritor y filósofo noruego Jostein Gaarder -autor de una de las novelas más fascinantes y hermosas que he leído- la emoción más importante es el amor, y la peor, el miedo. Para mí, la más importante es el asombro, y la más inquietante, la angustia. Para el profesor, según Gaarder, la emoción más importante es la curiosidad, probablemente, en mi opinión, la madre de todas las ciencias.
Uno de los motivos por los que hay tan poca predisposición a la ciencia entre los jóvenes es porque los profesores no estimulan su curiosidad, no son, como dice Jostein, buenos contadores de historias, sino, digo yo, simplemente malos profesores. La televisión les ha ganado la partida.
Yo he podido entender aspectos claves de la literatura del siglo XVII gracias a buenos profesores como Sagrario López Poza, pero he tenido que entender el romanticismo y el naturalismo sin apoyo alguno a causa de malos profesores como Fidel López Criado, paradigma de incompetencia académica.
Supongo que la emoción más importante para un profesor, para un buen profesor, es sentirse agradecido por sus alumnos.