miércoles, 3 de octubre de 2007

Elogio de lo efímero

Leyendo este post de Vitruvia pensaba que, en efecto, nuestro paso por la vida es como el de un pañuelo por un cristal empañado, sólo que nosotros somos el vaho, aunque algunos se crean pañuelo.
Discrepo, sin embargo, de que no seamos nada. Somos algo, efímero, pero algo, pues de lo contrario ni siquiera podríamos dejar constancia de nuestro paso por el mundo, del dolor y la destrucción que causamos, del sufrimiento del que renacemos día a día, de las genocopias que vamos depositando generación tras generación.
No somos nadie para cambiar nada. Sin embargo, nuestra brevedad nos concede el poder de cambiarlo todo, como el guiño de aquella niña que se cruzó con mi amigo en plena calle y le hizo cambiar de idea suicida cuando estaba dispuesto a claudicar.
Una amargura mal engrasada le condujo a una severa elección, que la inocencia de un par de ojos azules transformaron, en el efímero tempo de un parpadeo, en una sonrisa de devastadora ternura.
¿Todavía crees que no eres nada?

6 comentarios:

Viguetana dijo...

¡Caray, Migra, qué estremecedoramente bonito!

Tienes razón: un guiño, una sonrisa, una palabra amable. Todos tenemos un inmenso poder para cambiar muchas cosas.

Yo, por ahora, te mando un beso.
:)

Desesperada dijo...

precioso, sí señor.

Desesperada dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Guillermo Pardo dijo...

Gracias por vuestras palabras. Yo también os envío un beso... y un abrazo.

Martín Bolívar dijo...

Coincido con Migramundo en que no se puede decir que no somos nada, porque somos una chispa de un gran fuego. Somos algo.

vitruvia dijo...

Fíjate que todavía me he enterado hoy de este post.
Yo sigo discrepando conmigo misma sobre este tema. Leo y leo y me inclino hacia un pensamiento o hacia el otro. En fin, un saludo.