miércoles, 2 de enero de 2008

Recuerdo de un robinsón que murió de pena

Manfred Gnädinger nunca pensó en morir en Galicia, hasta que llegó a Galicia.
La Costa da Morte le atrajo hasta tal punto que ya no volvió a su Alemania natal una vez tocó tierra en la arcadia que creyó encontrar en este Finisterre del mundo. La Costa da Morte le costó la vida, un sacrificio que hubiese aceptado de buen grado si el chapapote de la codicia humana no le hubiese entristecido el corazón, ahogado en la negra estela de su fétida inmundicia.
Cinco años después de su desaparición física, ocurrida el Día de los Santos Inocentes de 2002 (ironías de la vida, y de la muerte), Man continúa vivo en la memoria colectiva de quienes lo admiraban desde que llegó a Camelle, a principios de los sesenta del pasado siglo. Desde entonces vivió casi como vino al mundo y sobrevivió con la amistad y la generosidad de sus vecinos, y el apoyo de miles de anónimos que contribuyeron a mantener en pie su museo universal, que la desidia oficial mantiene en la incertidumbre, aunque parece que menos.
Ahora, como un recordatorio de que hay personas cuya huella es indeleble, un corto de animación de Juan Carlos Abraldes y Luis Faraón acaba de lograr un puesto de relevancia en Festivit. Unas imágenes que bien pueden servir de ilustración a la música y letra (ver Documentos a mitad de página) compuesta en homenaje a Man por Joan Isaac.

4 comentarios:

entrenomadas dijo...

Sí, leí esta historia y me puso tristona.
Es una historia muy especial.

Besos

Desesperada dijo...

fue uno de los primeros temas que toqué en mi blog, la historia de Man. una historia de final triste, con su legado destrozándose... en fin. menos mal que murió y no pudo ver la desfeita.

Guillermo Pardo dijo...

Una historia muy especial y con un final muy triste que todavía recordamos. Gracias y besos.

Martín Bolívar dijo...

La desesperada muerte del romanticismo representó este hombre llamado Man que es, justamente, como se dice hombre en inglés. Un final triste para una vida especial.