lunes, 14 de diciembre de 2009

Maltrato y torturas en centros de menores

Nunca me han gustado los centros de menores, los antiguamente llamados reformatorios.
Nunca me han gustado porque siempre han tenido a los internos apartados de la sociedad, como si no formasen parte de ella y hubiese cosas que ocultar.
Nunca me han gustado porque cuando como periodista he pedido a algunos de sus gestores información que consideraba interesante, me daban "información" que ellos consideraban "interesante".
Nunca me han gustado porque es imposible educar a los niños y a los adolescentes si les privas de la interacción social y los sometes a regímenes carcelarios. Pero menos me gustan desde que han dejado de estar directamente controlados por la Administración pública y han pasado a formar parte del negocio privado.
El historial de estas cárceles para niños ha estado y está lleno de ignominia y de denuncias de maltrato y torturas. Del enésimo y último escándalo se hace eco el Colectivo Social y Justicia.

4 comentarios:

Max Webos dijo...

Me ha gustado mucho esta entrada, apelando a la reflexión y el sentido crítico ante nuestra idea de ''reinserción'' social.

La reinserción/punición siempre ha sido uno de mis grandes dilemas. Infligir el mal a quien lo ha hecho previamente no borra este perjuicio. La privación de libertad no contribuye a la reinserción en la vida en libertad, es una contradicción en sus propios términos. Sólo se esconde el problema.

Pero la verdad es que no aceptando esa forma de coerción, y menos su gestión concreta (a menudo deshumanizante, como Goffman mostraba con las instituciones de salud mental), no he encontrado una alternativa realmente viable.

En un sistema más justo, las causas del crimen se reducirían, al estar producido en gran parte por la dinámica corrupta y dualizante propia del sistema social. Pero afirmar esto no significa proclamar el fin de la desviación social (en el sentido de desviaciones dañinas para la convivencia), y no se me ocurre qué hacer con ciertos casos realmente complicados de individuos completamente enajenados.

En resumen,y aunque suene muy contrario a mis ideales, en el fondo me tranquiliza saber que no me voy a cruzar por la calle con un violador reincidente o un menor naziskin con un historial delictivo más extenso que ''Los pilares de la tierra''. O al menos, con uno que ya hayan pillado. Es una falsa sensación de seguridad promocionada por el poder y la tradición, y que perjudica a otras personas que merecen una segunda oportunidad.

Agradecería alguna sugerencia de lectura sobre propuestas del tipo ''qué hacer con casos extremos y/o reincidentes''.

Un saludo.

Guillermo Pardo dijo...

Max: Tu comentario me parece excepcional, y te lo agradezco. Comparto tu percepción del problema y también esa falsa sensación de seguridad de que hablas, pero, como tú, tampoco tengo propuestas que ofrecer para cambiar las cosas. Y es lamentable.
Me gusta tu comentario, como ya he dicho, y pienso hacer un post con él, con tu permiso.
Saludos y gracias de nuevo.

Max Webos dijo...

No hay problema, utilízalo si te sirve.
Gracias a ti, y un saludo.

Aldabra dijo...

cuando lo escuché me quedé fría.

biquiños,