viernes, 3 de octubre de 2008

Abrelatas africano

Los gobiernos de los países pudientes se afanan en acotar territorios con normativas que hieren tanto como las alambradas.
No es necesario hacerse sangre para sentirse herido; basta con la confinación, el ayuno obligatorio o con que ni te miren.
Nunca ha sido curioso el hecho de que siendo tan ricos seamos también más codiciosos y avariciosos que nunca, pero no deja de resultar curioso que siendo más ricos que nunca seamos más incapaces que nunca de acabar con la infamia creada a fuerza de explotación y miseria. Tan incapaces somos que ni siquiera podemos acabar con el hambre, ahora precisamente que producimos más que nunca.
Somos capaces, sin embargo, de acotar cada vez más "lo nuestro", de acentuar la impresión de seguridad con más controles fronterizos, acciones policiales y sobornos a gobernantes coronados por las armas que fabricamos y les vendemos, cuando no se las regalamos para poder llamarles "amigos". Nuestro voto los mantienen en el poder.
Europa se ha convertido en un recipiente hermético, en una lata de sardinas; pero los cayucos se han convertido, a su vez, en el abrelatas africano del hermetismo europeo. Cada vez llegan más grandes, "de récord" según los titulares, con hoja de ruta incluida para que los futuros servidores del bienestar europeo lleguen en las mejores condiciones posibles. Los terratenientes de Virginia, Alabama o Misuri también comprobaban la dentadura de sus futuros recolectores de algodón. La esclavitud de ahora demanda buen género, por eso a los nuevos esclavos se les exige diploma.
Los cayucos serán cada vez más grandes, cierto, pero nosotros seguiremos reforzando muros, financiando patrulleras y enriqueciendo a los dictadores africanos, que han encontrado en la trata de negros el gran negocio de su vida.
Los cayucos seguirán llegando porque para quienes se hacinan en ellos son más poderosas las ganas de comer que el hambre.

Foto: Efe

12 comentarios:

Martín Bolívar dijo...

Una entrada que dice verdades como Martín Fierro.

Francisco O. Campillo dijo...

No se puede decir mejor ni más claro.
Mi abrazo solidario... y mi admiración por el post.

Aldabra dijo...

el otro día en la radio escuché una crítica sarcástica acerca de la inmigración, en concreto hacia los moros... empleaban la canción de la letra "no me llames dolores, llámame lola"... pues el que parodiaba la canción decía:

"no me llames moro, llámame persona"...

y yo pensé, ¡que cierto!... las palabras también son alambradas.

bicos,

Anónimo dijo...

Ya sabes, aleman en mallorca? turista, senegales en mitad de la gran via? vino en cayuco y trabaja en el top manta.
Me ha gustado el post... yo tengo un gran casco para intentar derribar muros. Te dire que en el mar no hay muro posible y que, segun el blog visual de eneko, los primero cayucos fueron los de colon en america...mientras les sigamos riendo las gracias a los señores de la guerra (que diga, el G8 y afines) y a dictadores pro G8, las personas seguiran migrando porque como tu dices, las ganas de comer son muy poderosas.
saludos
derribandomuros

Anónimo dijo...

Ya sabes, aleman en mallorca? turista, senegales en mitad de la gran via? vino en cayuco y trabaja en el top manta.
Me ha gustado el post... yo tengo un gran casco para intentar derribar muros. Te dire que en el mar no hay muro posible y que, segun el blog visual de eneko, los primero cayucos fueron los de colon en america...mientras les sigamos riendo las gracias a los señores de la guerra (que diga, el G8 y afines) y a dictadores pro G8, las personas seguiran migrando porque como tu dices, las ganas de comer son muy poderosas.
saludos
derribandomuros

Anónimo dijo...

perdona, no me dejaba cargar el comentario .... este wifi... saludos derribandomuros

entrenomadas dijo...

"Los cayucos seguirán llegando porque para quienes se hacinan en ellos son más poderosas las ganas de comer que el hambre".

Hace unos días mi madre llego a mi casa sofocada. Me contó que había discutido y casi llegado a las manos con una señora Más o menos la cosa fue así.
En el puesto de la fruta la señora después de hablar sobre peras, naranjas y no sé que cosa más se puso a parlar sobre inmigrantes y pateras. La señora le soltó a mi madre algo así como " yo cuando veo que se hunden pateras con africanos siempre digo, lo siento, pero así vendrán menos y así sera mejor,¿no le parece señora?" Mientras lo decía besaba la medalla de un santo que le colgaba al cuello.

Mi madre casi se la come allí misma. Cuando llegó a mi casa estaba destrozada.
No fui capaz de escribir un post sobre esto. Me pareció tan cruel que me ponía literalmente enferma al escribir.
Pero hoy leyendo este texto he vuelto a recordarlo y me he atrevido.

Perdón por los errores estoy de viaje y no controlo el teclado.


Un beso amargo,

M

joaquina dijo...

Europa cierra fronteras a las personas, esconde la cabeza para no afrontar un futuro real, la palabra crisis todo lo esconde. Pero la realidad es muy diferentes, la vieja Europa envejecerá sola si no acoge con los brazos abiertos, enarbolando la defensa de los derechos humanos de la Europa social ante el poder del capital.
Sobre esta realidad, una noticia de esta semana:
Euskadi necesita 7.000 inmigrantes más al año hasta 2040 para cubrir las jubilaciones: http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20071111/economia/euskadi-necesita-inmigrantes-hasta-20071111.html

Julio Torres dijo...

Guillermo so teño unha palabra para describir o teu artigo de reflexión de hoxe. Perdóname que so use unha soa palabra, pero é que síntoo non podería haber outra. ¿Qué palabra? CHAPEAU

Un saúdo, amigo
Carpe Diem

Jluis dijo...

Guillermo, la hermética Europa levanta muros que solo son capaces de impedir soñar e imaginar un mejor futuro al grueso de los propios europeos.

Un abzote

Guillermo Pardo dijo...

La defensa de los derechos de las personas menos favorecidas me parece una obligación moral de cualquier persona. Comentarlo, denunciarlo, opinar sobre ellos, razonarlo y criticarlo creo que es lo mínimo que podemos hacer para tratar de dar la vuelta a una realidad que no debemos permitir que empeore. Por eso os agradezco que estéis ahí. Vuestras aportaciones y vuestra comprensión.
Gracias. Recibid un abrazo colectivo.

Manuel Ortiz dijo...

Un verdadero ejercicio de sincretismo que no oculta la emoción. Nada que añadir, salvo, quizá, que es preciso seguir insistiendo en ello. Los cayucos se manifiestan de mil maneras, no sólo en esas penosas embarcaciones.

Un abrazo solidario.