martes, 13 de febrero de 2007

La importancia de lo perdido

Está el mar un tanto revuelto, picadillo incluso, y no es bueno para la faena.
El asunto De Juana sigue destilando bilis por los cuatro costados, las cuestiones judiciales indignan a unos y sonrojan a otros, en Irak siguen cayendo inocentes como moscas cuando se les envenena con insecticida, los blogueros (¿qué tal bitacoreros?) andan de insana boca en boca y hasta el multimillonario Eto'o echa humo porque no le dejaron jugar... Vanidad, vanidad, todo es vanidad...
Deberíamos calmarnos un poco y tomarnos la vida con sentido del humor, y a quien no le siente bien reírse, que medite al menos, que dicen que es bueno incluso hasta para el cerebro. Claro que con humor a veces no es suficiente. También hay que poner amor. ¡Anímate, hombre (y mujer, claro), y hazte un guiño! Puedes dar y darte calor de muchas maneras... Quizá prefieras leer historias de amor, quizá te decantes por algo más profundo o quizá no te sientas suficientemente preparado y precises documentarte... No importa cuales sean tus gustos. Importa hacerlo.
Los carnavales llaman a la puerta e invitan a la diversión y a la desinhibición, a la desinhibición segura, con 25 millones de buenas razones para curarse en salud.
Es un buen momento para que los que van por la vida de odiosos prueben el disfraz de amorosos, los que matan se disfracen de víctimas, los que golpean se trasvistan de herida, los que calumnien se enfunden el virus de la honestidad, los que infunden temor se transformen en corderos, los que amenazan se sientan protectores, los que causan dolor se zambullan en el placer, los que provocan miedo se vuelvan confiados... Quizá de ese modo, quizá disfrazándose, recuperen lo que han perdido.
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Da que pensar...
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Cada segundo de la vida tiene su música. Robert Schuman
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