jueves, 16 de agosto de 2007

Querida vendedora:

Algunos creen que te equivocaste de puesto porque piensan que, por aspecto y atuendo, te corresponde otro escaparate.
Tu problema, permite que te lo diga, es que no eliges el vestuario apropiado, pues aunque el traje no hace al payaso, algunos consiguen hacernos reír.
Estoy seguro de que si en lugar de utopías vendieses ilusiones no sólo no te ocurriría lo que se informa te ocurrió, sino que además saldrías en la foto adecuada y tendrías garantizado un merecido descanso para tus agotados pies.
No olvides, por último, que a poco que te esfuerces puedes evitar males mayores, y aún peores, si llevas siempre encima la tarjeta de visita adecuada.
Afectuosamente.

Foto: Elízabeth Ruiz / Efe
¿Quién es Rigoberta Menchú?

15 comentarios:

Una mujer desesperada dijo...

joder. no me había enterado. menudo mundo de mierda. eso sí, debería dejarse aconsejar sobre su vestuario.

Viguetana dijo...

Pues yo no creo que deba cambiar su manera de vestir. Lo que ocurre es que todos seguimos juzgando a los demás demasiado alegremente... y desde la más atrevida ignorancia. Quizás lo que le falte a Rigoberta sea simplemente darse a conocer más y mejor.
Gandhi iba como iba y era respetado.

entrenomadas dijo...

No se si será que sigo de vacaciones, porque no me entero mucho de lo que pasa.
En fin...

Esto... y si le preguntamos a Roberta y a sus compas la misma pregunta. Es decir a lo mejor los que visten raros somos nosotros. Personalmente me importa un pimiento cómo vista la gente.

Lo que me interesa son las próximas elecciones en Guatemala y las propuestas y posibilidades de llevar a cabo dichas propuestas sin caer en el intento. Esto implica seguir vistiendo como se quiera o como mejor se identifica. Al fin y al cabo esa ropa es identidad, además de muchas cosas más pero sobre todo es identidad.

Saludos

Sorry, estoy en teclados raros y no encuentro las cosas a la primera.

Una mujer desesperada dijo...

vigue, era una coña, joer, lo de la vestimenta, ja ja ja, aunque a mí me espante, ella que vista como quiera, claro, ja ja ja

Viguetana dijo...

¡¡Si es que no "me eres" nada seria, Deses, cachis...!!
:-P

Yassin Al-Hussen dijo...

A mí me encanta Rigoberta. Me parece una persona increible y un de un valor humano que pocas veces se ve...


Un saludo!!!

Eifonso Lagares dijo...

Otro genialidad de post. Me merece toda mi ocnsideración Rigoberta Menchu, primero por ser humano y añadimos su labor.
Estas cosas pasan por ignorancia e incultura.
Saludos

entrenomadas dijo...

Guillermo,
leido con mas calma este post me parece un diamante.
Hilas fino, fino y nos atrapas, , mosqueas y haces repensar.
ya veo, ya veo...

Sorry: sigo sin acentos en el teclado.

Makiavelo dijo...

El uniforme es usado como un símbolo de acuerdo al grupo social al que se pertenece. Umberto Eco dijo “les habits sont des artifices sémiotiques : c´est-à-dire, des
machines à communiquer”. Si en la década de los setenta los jóvenes nos apoderamos de los jeans por su origen enfocado al trabajo, y el uniforme militar es un icono actual de la cultura juvenil contemporánea. ¿Por qué sorprendernos con las ropas de Rigoberta?
A mediados del siglo pasado la vestimenta femenina juega un papel fundamental en la percepción que la mujer desea que se tenga de ella, pues impone una estética de choque contra la imagen idealizada, y en la mayoría de los casos ñoña, que se tenía de la mujer hasta el momento.
La vestimenta maya contiene toda una simbología que ya para nosotros quisiéramos. Una página esclarecedora y muy interesante de lo que significan esas magníficas prendas que tan dignamente viste Rigoberta es http://www.diariomardeajo.com.ar/comunidadlinguisticakiche.htm

Una mujer desesperada dijo...

dios mío, en mala hora se me ocurrió hacer un chiste sobre la vestimenta de rigoberta, se me ha llenado el blog de trolls!

Guillermo Pardo dijo...

Creo que el error no está en la vestimenta de la señora Menchú, desde luego, sino en la falta de interés del gabinete del presidente de México por su invitada. El incidente le afectó a ella, no a los demás invitados. Eso, a mi juicio, lo aclara todo. García Márquez se presentó en la Academia de Suecia a recoger el Nobel, creo que en 1982, ataviado con el traje de su tierra. Nadie lo expulsó de tan solemne recinto, pese a que podía pensarse que no era el atuendo más adecuado para tal ocasión, máximo cuando el rey sueco vestía de rigurosa etiqueta, no las ropas de gala de su país. Lo de la señora Menchú me parece, en el fondo, una cuestión de protocolo, de mal y lamentable protocolo.
Saludos y abrazos para todos.

Martín Bolívar dijo...

Un post simplemente, genial. Muy bueno el anterior comentario también. En relación a lo que afirmas en el comentario anterior, recuerdo que el escritor Gabriel García Márquez fue a recibir el Premio Nobel de Literatura en 1981 con el atuendo típico de sus país.

Guillermo Pardo dijo...

Gracias, Martín. Tus comentarios son siempre muy alentadores. Saludos.

Makiavelo dijo...

Vaya, estoy aturdido, no era mi intención ofender a nadie, ni mi comentario iba dirigido a la señorita, a la que pido disculpas. El objeto de mi comentario era desplazar la cuestión al absurdo de la negación de los signos de identidad de los pueblos y sus habitantes. ¿Y qué signos son más evidentes que la raza y el atuendo? Es obvio que el protocolo falló en México, y que el recepcionista o encargado del lujoso hotel era un ignorante ¿pero no es más idiotizante que se vete a la propia historia y a la tradición?

La rapacidad del apartheid político y social indígena, la tendencia gravitatoria de occidente que anunció Kundera y que tan firmemente se ha ido asentando en latinoamérica –en algunos aspectos no seamos generosos-, esta asimilación de formas de organización social, política, económica, e incluso espirituales sin un enraecimiento histórico que las explique provocan la pérdida insuperable de una importante parte de su patrimonio, la pérdida de las claves que explican su realidad.

Ejercer el respeto a la diferencia cultural, contrastar la riqueza simbólica y filosófica que albergan las culturas indígenas como un derecho, no escrito en tratados internacionales, sino en el día a día de los pueblos, en las escuelas, en los mercados, y hasta en los hoteles, es una asignatura aún pendiente.

El autodesprecio y el endorracismo son nuestras peores debilidades, y si en occidente se ha conseguido conciliar tradición y modernidad –nadie vetaría a una señora por entrar en un hotel vestida de fallera o a escocés con faldones a cuadros; incluso nos emocionamos al ver pasear por Leicester Square a una guapa chica vestida con su sari-, ha sido por el trazado de una evolución paulatina y predispuesta a la eliminación del discurso intimista y fabulador, azaroso e incontrolado del alma, el mito, como anunció Savater, relegándolo a eso que se llama folcklore y se exhibe y se respeta para disfrute de todos en fiestas locales, y sirve de gancho para atraer turistas ansiosos de conocer formas y costumbres.


En esta era nuestra en la que la imagen preside el protocolo que nos integra en grupos sociales y culturales determinados, y nosotros nos encargamos bien de definirla y airearla para que se nos reconozca la identidad que nos distingue, ocurre que en Ciudad de Guatemala, y en otras muchas ciudades americanas, el hábito (el del indígena) define al monje, lo encaja y lo proyecta en toda una suerte de significados que otros desgraciadamente se esfuerzan por silenciar.

Un saludo y disculpa el malentendido.

Guillermo Pardo dijo...

Creo, Maki, que te entendí perfectamente y no creo, además, que tu comentario fuese ofensivo. Por mi parte, añadí a tu observación otra variable que me parece la clave de tan enojoso asunto. Saludos.