martes, 18 de noviembre de 2008

Martinhide

Conozco a un bebé que se llama Martín al que he rebautizado como Martinhide. Son dos en uno.
De madrugada nos recuerda a todos sus vecinos que Extremoduro bien podría ser un coro de oblatas comparado con su vozarrón de llanto incontenible.
Por la mañana es un fiera cuyos padres tratan de mantener a raya como gladiadores imbuidos de beatífica paciencia, y por la tarde ya se los ha merendado como el león de la Metro se despacharía a los aguerridos compañeros de Espartaco.
Martinhide no descansa ni por la noche. Por eso pensamos que de mayor será un verbenas, disyóquei o tuno de pertinaz serenata.
Martinhide, sin embargo, recupera su cristiano nombre nada más traspasar el umbral de su casa en dirección a la calle, encaramado en su sonrisa de trasatlántico.
Entonces nos quedamos pasmados, prendados, y comprendemos que ningún barco es capaz de surcar corazones como la sonrisa de Martín.

20/Nov/2008. Día Universal del Niño
Blogocampaña contra la pornografía infantil

6 comentarios:

Francisco O. Campillo dijo...

"gladiadores imbuidos de beatífica paciencia" Ahí, te has "pasao", reconócelo
;-)
Por cierto, que el cielo te arme de a ti paciencia... jesuítica.

entrenomadas dijo...

A ver, a ver.

Mi hermano se llama Martín y de pequeño era un pedazo de tostón. Todo el día cantando y chillando en plan Pavarotti. Ahora es músico y aunque es muy bueno sigue cantando pero en plan rock duro.

Yo que tu me compraría unos tapones de cera, es lo que yo hacía hace una década.

También te puedes poner a cantar a su lado, aún más fuerte que él y berrear mucho, ya verás como se queda mosqueado.


Mucha suerte, mucha paciencia y muchos algodones pa tus orejas.


Marta

Nacho de la Fuente dijo...

Esa situación me suena con mi hijo mayor, de 2,5 añitos. Es un cielo en la calle y un torbellino imparable en casa, aunque no tan heavy como tu vecinito. Y lo que más fastidia es escuchar en la panadería: "Es tan tranquilo que eso no es criar hijos"...

Paciencia pues.

Eifonso Lagares dijo...

Mucha santa paciencia y al encontrarlo en el descansillo una buena sonrisa.
Un saludo

Guillermo Pardo dijo...

Situaciones como estas se repiten en todas las comunidades vecinales, y los niños, como los adultos, forman parte de ese mundo tan particular con el que tenemos que convivir. No hay nada nuevo, sólo la forma de llevarlo y expresarlo, aunque sea literaria y metafóricamente, como en este caso hice yo.
Saludos y gracias por vuestros comentarios.

Aldabra dijo...

a los niños siempre se les quiere más cuando duermen o cuando sonríen ¿verdad?... calladitos, relajados... soñando con los angelitos...

biquiños,