viernes, 5 de diciembre de 2008

Lampedusa, como Fuenteovejuna

El pasado 28 de noviembre, el diario italiano La Repubblica publicó la crónica del salvamento de más 600 de personas que navegaban a la deriva en dos cayucos procedentes de África.
El relato, que me hizo llegar Entrenómadas ya traducido, cosas ambas que agradezco, pone de manifiesto la entereza, el coraje, la solidaridad y el valor humanos, tanto de los salvados como de los salvadores, en las más extremas condiciones.
Superando incluso al ambiente social y político adverso contra la inmigración, un pueblo de pescadores desafió a la tormenta (también a la políticamente metafórica) para rescatar de una muerte segura a 600 potenciales víctimas del patíbulo marítimo. Lampedusa actuó como la Fuenteovejuna de Lope.

Lampedusa, pequeña isla al sur de Sicilia, está más cerca de África que de Italia, pues sólo dista 113 km de las costas africanas. Hoy, Lampedusa es una de las puertas al sur de la Fortaleza Europa: muchas pateras que detecta Frontex -Agencia Europea para la gestión de la cooperación operativa en las fronteras exteriores- en el Canal de Sicilia son conducidas hasta esta isla.

El 8 de agosto de 2007 siete pescadores tunecinos que habían salvado la vida a 44 migrantes náufragos fueron acusados de contrabando de migrantes. El 15 de diciembre próximo se espera la vista final del proceso. Éste y otros sucesos similares habían creado precedentes inquietantes contra los convenios marítimos internacionales, que imponen el rescate de todo náufrago.
Sin embargo, el pasado 27 de noviembre, la ley del mar volvió a reinar en el mar. Dos pateras abarrotadas de migrantes a punto de naufragar. Autoridades competentes que asumieron su responsabilidad. Marineros intrépidos. 650 personas salvadas.

Aun a riesgo de perder la vida se zambulleron en una mar arbolada con ráfagas de viento de hasta treinta nudos y olas de diez metros con tal de salvar la de otras 650 personas. Los hombres de la Capitanía del puerto de Lampedusa y la tripulación de los cuatro pesqueros de Mazara del Vallo dieron un ejemplo extraordinario de valor y solidaridad. Sólo gracias a ellos dos pateras llenas de migrantes no se fueron a pique; sólo gracias a ellos se evitó la que podía haber sido la mayor tragedia de la inmigración en el Mediterráneo.

Todo comenzó el 27 de noviembre por la tarde, cuando las dos barcazas que surcaban el Canal de Sicilia lanzaron el SOS con un teléfono satelital. "Socorro: hay muy mala mar y estamos a punto de naufragar", claman desesperados los inmigrantes por teléfono a sus familiares en Italia. Las operaciones de socorro se ponen en marcha inmediatamente bajo la coordinación de la central operativa de la Capitanía del puerto de Palermo.

Avistan la primera barcaza al atardecer desde un helicóptero de la Guardia di Finanza, a 15 millas de Lampedusa. A bordo 300 personas agitan los brazos para llamar la atención. Sin embargo, la segunda "patera" está aún más lejos, en aguas territoriales maltesas. Se transmite su posición a las autoridades de La Valleta, pero no reaccionan.

Entre tanto en Lampedusa se viven horas de actividad febril. Las condiciones del mar no permiten que las lanchas rápidas de la Capitanía abandonen los muelles. Sólo los grandes barcos pesqueros de Mazara del Vallo, que también están amarrados por las malas condiciones meteorológicas, pueden hacerse a la mar. El responsable de la Capitanía de puerto, teniente Achille Selleri, comandante de la séptima escuadrilla, convoca en su despacho a los pescadores de la flota de Mazara: "Señores: no tengo medios adecuados para el salvamento. Les necesito con sus barcos. ¿Los socorremos?". Los patrones de los pesqueros no dudan ni un segundo: "Estamos listos".

Cinco embarcaciones - Ariete , Monastir, Ghibli, Twenty Two y Giulia P.G.- se hacen a la mar. A bordo, junto a los pescadores, están los hombres de la Guardia Costera. Cuando consiguen dar con la patera ya es noche cerrada, pero las condiciones del mar no permiten operar: escoltan la patera hasta cala Grecale, al otro lado de la isla, donde azota menos la mar y se puede llevar a cabo el trasbordo a la embarcación más grande, la Twenty Two.

Los pescadores sólo al amanecer consiguen agarrar el puerto con su "carga" humana: 303 personas, entre las cuales se cuentan 21 mujeres y algunos menores de edad. Están deshechos. A sus compatriotas que se hallan en el centro de acogida les cuentan su odisea: "Zarpamos hace dos días de Libia. Cuatro de nosotros se cayeron al mar, pero no conseguimos recogerlos".

No hay tiempo para el dolor. La Guardia Costera lanza una nueva alarma: un avión militar Atlantic ha avistado la segunda patera a nueve millas de la costa, en medio de las olas. Los pescadores vuelven a salir a socorrer a los inmigrantes: son más de 350, hacinados en una vieja chalupa. Los salvan con la misma técnica; esta vez en el Ghibli. También ellos pasan la noche en el abrigo de la cala Grecale, a la espera de llegar finalmente a puerto.

Lo importante es que están todos vivos: más de 650 personas salvadas en pocas horas por los "ángeles del mar", como han llamado a los marineros de la flota mazaresa y a los hombres de la Capitanía de Puerto de Lampedusa. Los recibieron con un aplauso en el muelle.

Fuente: http://www.repubblica.it/2008/11/sezioni/cronaca/clandestini/clandestini/clandestini.html

Imagen: Un bote con inmigrantes de arribada a Lampedusa, en julio pasado / Foto de Getty Images tomada de Daylife.com

6 comentarios:

Martín Bolívar dijo...

Un comentario sensible, solidario, que nos ayuda a despertar las conciencias sobre las injusticias europeas contra la inmigración. Buen trabajo de Entrenómadas y de Migramundo.

entrenomadas dijo...

Cuando hablaba con mis amig@s de Sicilia y me contaban las pequeñas historias llenas de solidaridad espontanea y sincera me emocioné muchísimo. Me gustaría recopilar algunas de ellas y guardarlas. Reconozco que pensé que Guillermo Pardos debía conocer esta historia.

Gracias por subirla. Yo seguiré recopilando todo lo que ha habido alrededor de esta historia. Os aseguro que algunas son realmente bellas.

Un beso,

Aldabra dijo...

Me he puesto a llorar leyendo esta historia porque casi soy incapaz de imaginar tanto dolor, tanto miedo... y también por la valentía y el coraje. Gestos como estos supongo que son los que nos hacen creer todavía en la humaniad y lvidar la barbarie de muchos congéneres que dicen ser también personas.

Un artículo sensible y muy bien contado.

...

Y ahora te dejo otra sorpresa. Es mi peli favorita, porque me gustan sus protagonistas, porque la banda sonora me encanta y porque es deliciosamente romántica a pesar de que toca algunos temas espinosos de la sociedad(muy superficialmente, claro).

Biquiños y feliz fin de semana largo.

http://es.youtube.com/watch?v=UO6UP3N0_AM&feature=related

JLuis dijo...

Que impresionante... brillan los ojos según vas avanzando en la lectura del post...Un abrzote

Raúl dijo...

Te descrubro gracias al blog de marta, "Entrenomadas" y aprovecho para no salirme del tópico al decir con respecto a la noticia que trasladas al blog, que la realidad supera en mil, a la ficción.

Anónimo dijo...

Las historias como esta impresionan y nos hacen concebir esperanzas de que la solidaridad no se tira por la borda por la presión política y mediática. Espero poder seguir contando o transmitiendo experiencias humanas como esta. Tienen mucho más valor que las crisis multimillonarias que nos inundan todos los días.

Bienvenido Raúl. Entrenómadas siempre es un buen referente para todo.

Saludos y gracias por vuestras visitas y comentarios.