martes, 27 de enero de 2009

"Jamás descuides tus sueños"

Fue así, exactamente así, como os lo cuento. Ocurrió una madrugada en El Corzo. Recuerdo que sonaba una canción apenas más rápida que el silencio, algo casi tan lento como el suelo. Fue la primera vez que bailé con ella. Era la chica más interesante del local, hablaba poco, raras veces se reía y a veces le brillaban los ojos como si fuese a llorar. Me pareció que atravesaba ese preciso instante de ofuscación y angustia en el que una mujer no sabe muy bien si necesita una copa, un hombre o un pañuelo de las narices. A lo mejor es que acababa de cumplir cuarenta años, que es una cosa que en determinadas circunstancias las mujeres desdichadas cumplen cada diez minutos. Como cualquier otra noche, yo mataba el tiempo tomando apuntes en un posavasos con una letra desganada que parecía la soga de un ahorcado. Entonces aproveché la mano del barman para hacerle llegar un comentario: "Jamás descuides tus sueños. Incluso en medio de la peor tormenta, de un velero a pique siempre se salvan las gaviotas". "De verdad que no me ocurre nada", dijo ella con ese convencimiento que ponen las mujeres cuando verdaderamente les ocurre algo. "Me encuentro bien, pero no me importaría pasar un mal rato si a cambio me siguieses enviando notas como esta". Le dije que lo había hecho a cambio de nada y sin esperar la menor utilidad, incluso sin la pretensión de consolarla. "Es mi manera de ser, ¿sabes? Se me ocurre una idea, tomo un apunte rápido, doblo el papel, lo meto en el bolsillo y lo normal es que sólo lo lea la lavadora. Desde luego no pretendía consolarte. No es mi estilo. No creo que sea bueno entrometerse en la tristeza ajena. El mundo lo movieron siempre las personas con problemas, la gente aterida de miedo, de pena o de frío o de dolor. De ellos salen la poesía, la música, el arte. ¿Sabes?, yo creo que de la gente feliz sólo puedes esperar una barbacoa o un mambo". No me pareció que aceptase mi opinión con mucho convencimiento. Insistí: "Fíjate en el odioso sentido práctico de la gente cartesiana. La luz eléctrica fue un gran invento para la industria, pero el verdadero sentido literario lo alcanza la luz cuando la apaga el poeta, un tipo a menudo triste y ensimismado que vive convencido de que una mujer alcanza el techo de su belleza cuando se mira al espejo y descubre que en su rostro acababa de comenzar la serena y conmemorativa luz de su pasado". "Lo que ocurre es que a veces no nos gusta nuestro pasado, ¿no crees?". Era tarde y me costaba razonar, pero hice un esfuerzo porque "el pasado es una cosa que uno maneja a su antojo, de modo que puedes reconstruirlo a tu medida, a la medida de tus sueños, como ocurre cuando viajas mucho y con el paso del tiempo recuerdas haber encontrado en Nueva York una calle de París repleta de taxis azules de Praga conducidos por paquistaníes de habla hispana... y eso, amiga mía, ocurre de manera tan inexplicable como el hecho insólito de haber vomitado lentejas aquella maldita noche que te sentó mal el pollo de la cena". Fue entonces cuando Tino pinchó adrede para mí una hermosa canción de Frank Sinatra. En el espejo de la barra brillaba en "off" la invertebrada luz de los cigarros. "Es nuestro momento, amiga. No tendremos otra ocasión como esta. Es música para dos corazones en voz baja". Se lo dije como lo sentía. Aquella noche en El Corzo Sinatra sonaba como si Tino hubiese pinchado Didn't we con la aguja de la acupuntura. Era muy tarde y la manida luz del local olía como la sombra de un naranjo. Estábamos solos en la pista. Marta se recogió en mis brazos y yo apoyé mi pecho en el portal de mi espalda. Recuerdo aquello como haber pasado de puntillas con ella sobre los ojos de un niño dormido. Conservo de aquella noche un recuerdo imborrable y una nota escrita en su ausencia con la letra fosca y espinosa de un hombre cansado: "Supongo que era por ella por quien esperaba Dios en el tocador de señoras...".

José Luis Alvite
, Áspero y sentimental, Ézaro, Madrid, 2008

6 comentarios:

Elena dijo...

Qué maravilla de texto. Aunque ha perdido algo de magia al poner nombre a la chica, no sé muy bien por qué. Será porque resulta aún más triste y desesperada sin llamarse de ninguna forma.

Un abrazo, Guillermo.

Francisco O. Campillo dijo...

Será muy difícil que alguien me crea, pero he adivinado la autoría del texto antes de llegar a la firma. Y que conste que he tenido que aguantar al ratón para que no se acelerase.
¡Admirado e inigualable Alvite!

Aldabra dijo...

¡¡que texto más increíble!!

me ha emocionado profundamente... me he sentido marta, y me he sentido él... y he escuchado a frank sinatra...

y he sentido tristeza,
una tristeza profunda,
y desesperada,
como el miedo.

se me han caído los besos de boca... pero me ha quedado uno... ¿lo quieres?

entrenomadas dijo...

"El mundo lo movieron siempre las personas con problemas, la gente aterida de miedo, de pena o de frío o de dolor. De ellos salen la poesía, la música, el arte. ¿Sabes?, yo creo que de la gente feliz sólo puedes esperar una barbacoa o un mambo".

Pues yo del texto me quedo con esto.

Por cierto, me han entrado unas ganas de comer miel que no veas.


M

Julio Torres dijo...

Gustoume moito este post. Soñador e evocador. O malo é que hai veces hai sonos que non se recordan, outros sí, e outros que máis ben son pesadillas.

Un saúdo, amigo
Carpe Diem

Guillermo Pardo dijo...

Elena: Pienso como tú, el nombre de la chica la saca encanto a la historia. Besos.

Francisco: Yo te creo. Alvite es inconfundible. Y un maestro de la metáfora.

Aldabra: Por lo que cuentas te debe, en efecto,haber emocionado mucho. Te ha tocado el alma, vamos. Me alegra haber hecho una buena selección. En cuanto al beso que me ofreces, ¿cómo voy a rechazarlo? Gracias.

Abrazos para todos