domingo, 12 de abril de 2009

Parejas

Un amigo acaba de casarse y otro acaba de separarse. Son dos caras de una misma moneda, el amor, que rara vez cae de canto. Por fortuna.
El que acaba de casarse ha demostrado, quizá contra todo pretendido pronóstico, que el amor, tras diecisiete años de vida en común, no se agota con el tiempo, sino que, en todo caso, se refuerza y se renueva por el deseo de ambos de seguir decorando la vida del otro.
También ha demostrado que, en contraposición con lo que defiende el feminismo de salón, los hombres no somos crápulas en busca de refugio entre la sonrisa vertical de la entrepierna femenina, sino seres tan responsables, sensibles y empáticos como esos otros a los que la religión, la literatura o la historia han tratado injustamente como la más perniciosa influencia del hombre.
El que acaba de separarse no encuentra la paleta que le ayude a colorear las paredes de su vida, que perdió allí donde el que acaba de casarse supo mantener fresco el único color que acepta todos los matices: el amor.

1 comentario:

Aldabra dijo...

es dificil acertar con una persona con la cual te entiendas bien, que te enamores de ella (¿existe eso de enamorarse o es algo que nos han vendido?) y que aún por encima... todo eso junto, te dure a lo largo de los años...

es dificil... pero quiero pensar que se consigue...

quiero pensar que ahora sí que lo voy a conseguir... (porque yo lo valgo)... bueno, quito esto último, es que me salió la vena publicitaria.

biquiños.

me ha gustado el post y siento mucha tristeza por tu amigo el que acaba de separarse... es duro y puedo ser más duro todavía.