martes, 18 de agosto de 2009

¿Vale la pena saber tanto?

El doctor Santiago Grisolía pronostica que dentro de unos cinco años quien disponga de 600 euros podrá conocer su mapa genético, esa especie de hoja de ruta capaz de llevarnos más allá de nuestro conocimiento, quizá a la verdad de quiénes somos.
Me pregunto si estamos preparados para saber tanto, para conocernos tan a fondo y asumir que desde el mismo momento en que se nos revele nuestra caduca condición humana tengamos que empezar a descontar los años, los meses o, peor aún, las semanas que nos queden de vida.
Supongamos que leemos en nuestros genes que llevaremos el resto de nuestra existencia con salud de hierro. Tal revelación será, probablemente, un estímulo más en la carrera vital, una pértiga en la que apoyarnos para abrir nuevas ventanas y dejar que entre el aire. Pero supongamos que la información que recibimos es inesperada, determinante negativa y concluyente, y que al recibirla nos dicen: señor Pardo, se morirá usted de un ataque de risa... dentro de tres semanas.
¿Quién es tan valiente para vivir con un reloj de arena en el cerebro? ¿Se lleva la cobardía en los genes?
Claro que, visto así, siempre me quedaría el consuelo de que sé que voy a descojonarme. Con perdón.

6 comentarios:

Aldabra dijo...

Leyendo el blog de Luís Felipe Comendador, escritor, poeta y editor de Béjar, pensé: "ésto tiene que leerlo Guillermo".

Te pongo en antecedentes: Youssouph es un emigrante que llegó a España en una patera y por azares del destino recaló en Béjar.

L.F, le echó una mano desde los primeros momentos. Y creo que aprendió a quererlo como un hijo o un hermano (lo digo por lo que he ído leyendo en su blog desde hace tiempo).

El otro día Yossouph se casó y L.F. leyó lo que anotó en su diario los primeros días que contactó con él (es un poquitín largo pero merece la pena):

te dejo el enlace por si prefieres leerlo directamente en su blog:

http://diariodeunsavonarola.blogspot.com/

personas como L.F. hacen que el mundo sea mejor ¿no crees?

ENTRADAS DE NOVIEMBRE/ DICIEMBRE DE 2005 QUE LEÍ EN LA BODA DE YOU & SANDRA

8 de noviembre de 2005

Son las once de la noche y acabo de llegar del hospital Virgen del Castañar, en el que han atendido a uno de los desplazados subsaharianos que desde anoche están pasando unos días en nuestra comarca para reponer fuerzas de su terrible itinerario desde países como Gambia, Mali, Senegal… con parada en campos de Melilla, Canarias y Granada. Todos son jóvenes y llegan en unas condiciones bastante tristes, especialmente tres de ellos: dos con graves problemas respiratorios –a uno de ellos es al que acaban de chequear en nuestro hospital– y uno con un fuerte golpe en el costado. Se les ha repartido ropa y se les está proporcionando un menú diario completo, aseo y habitaciones bien equipadas para el descanso digno. Su llegada fue impresionante, con caras de auténtico temor, pero con un rastro de esa emoción que sienten los vencedores pequeños –que son los más grandes– de haber conseguido pisar nuestro jodido primer mundo. Pero esta mañana, ya aseados y con ropa edecuada para nuestro clima, han llegado a reír e incluso a dejar un ratillo a la diversión practicando fútbol y baloncesto. El cabecilla, Youssouph, es de Mali y habla tres idiomas, tiene una energía especial y sabe el estado de cada uno de sus compañeros de periplo –y se preocupa vivamente por ellos–. Hace un ratito le he despedido con un apretón muy fuerte de nuestras manos. Le he visto muy esperanzado, aunque yo sé que va a sufrir lo indecible para poder sentirse persona en nuestro país. Yo, personalmente, pienso ayudarle en lo que pueda, pues una voluntad como la suya merece un gran esfuerzo de integración. Me decía con una sonrisa de oreja a oreja y en castellano: «Yo soy el primero de mi familia que ha llegado a Europa», y se sentía entre héroe y un dios menor. A mí me han brotado unas lágrimas.

11 de noviembre de 2005

Ayer fue un día malo, un día que no quiero que se vuelva a repetir. Juan y yo tuvimos una conversación con Youssouph para intentar explicarle lo que le espera de aquí en

(continúa)

Aldabra dijo...

adelante. Le explicamos que es libre de hacer lo que quiera y que el martes se acaban los fondos para su manutención en Béjar. Él sólo nos entendía a medias y acertaba a decir de vez en cuando «OK, OK... merci...». Le explicamos que con los papeles que tiene, una jodida orden de expulsión que no puede ejecutarse por no haber convenio de extradición con su país, no puede trabajar más que en el mercado negro del trabajo y bajo explotación; le indicamos encarecidamente que no debe robar nunca y mediante mímica le explicamos la tipología de personas de las que debe fiarse y de las que no. Juan quedó encargado de prepararle un librito de direcciones y teléfonos para que pueda buscar socorro y ayuda cuando lo necesite... Y el grito se me quedó adentro, pellizcando con fuerza. Un grito contra el sistema que niega y pone cruces negras sobre los hombres por razón de raza o de nacimiento; un grito contra mí mismo por no dejarlo todo y ponerme a echar una mano de verdad, de las buenas, a los tipos que, como Youssouph, han puesto sus esperanzas en nuestro sistema podrido y diferenciador. Sé que no puedo hacer mucho más de lo que ya he hecho, que es justamente nada, que podría meterlo en mi casa y darle de comer cada día, que podría buscarle un trabajo oculto para que empezara a encontrar su dignidad... pero todo en mí es impotencia y me siento vencido por el afecto y por mi incapacidad. Otros no hacen nada y yo he hecho un poquito, pero me siento muy mal por mi falta de determinación y por esconderme detrás de mis cosas y de mi mundo artificial para olvidar los ojos de Youssouph y de Malick. No hay esperanza porque no tenemos la valentía de recrearla cada segundo que pasa por nuestras narices. No hay esperanza porque hemos aprendido a esconder la sensibilidad detrás de la caridad puntual y se nos ha olvidado que hay que luchar constantemente por la justicia. Ayer sufrí como hace años mientras me comía las lágrimas. Hoy soy la pura imposibilidad y siento la derrota total como hombre social. Es dura la vida y es aún más dura la consciencia de su devenir. Y vuelta al trabajo mañana sin saber si el orden natural nos pondrá a todos en situación de igualdad. Luchemos, colegas, aunque sea por el egoísmo de sentirnos un poquito más dignos. (noche) Esta tarde, después del cineforum MPDL, Youssouph nos ha contado a grandes rasgos su periplo hasta llegar a Béjar: Cómo viajó de Senegal hasta Dakar con el dinero que le prestó su tío después de vender dos de sus mejores bueyes, cómo llegó hasta Casablanca y cómo le robaron todo lo que tenía en Marruecos –hasta la ropa con la que vestía– y se alimentó varios días con pienso para pollos, cómo en cinco días atravesó parte del Sahara junto a una treintena de paisanos con una sola barra de pan para comer en ese trayecto, cómo se embarcó en una patera en la que entraba el agua a cubos y cómo se pasó el itinerario achicando agua, el terrible miedo que le asoló ante el acecho de un enorme pez que estuvo siguiendo su patera durante gran parte del recoriido, cómo vio morir a diecisiete ocupantes de otra patera con la que se encontraron en su viaje y de cómo salvaron a siete de sus ocupantes jugándose la vida por sobrecarga, cómo llegó a Canarias y el trato que allí se le dispensó... todo con 22 años, con una formación desmostrada en su expresión y en sus gestos, y con la ilusión de encontrar trabajo para poder finalizar sus estudios. Youssouph nos ha dado hoy una bella lección a todos los que hemos tenido la suerte de escucharle.

Aldabra dijo...

16 de noviembre de 2005

Ha vuelto el cielo azul y Béjar ha renacido esta mañana entre ocres, naranjas y amarillos; bella como bellos son los ciclos y como bella resulta la muerte y el paso hasta sus sábanas si se supo vivir y mirar desde unos ojos sencillos. Youssouph se está adaptando muy bien al clima y a la gente, no en vano le hemos rodeado de afecto y estamos trabajando para darle alguna salida digna a su situación. A mí me viene muy bien estar cerca de él, pues estoy recuperando a empujones mi francés –cada minuto me sorprendo de lo bien que lo entiendo y de cómo me atrevo sin más a llevar una conversación fluida en ese idioma– y también mi ilusión por muchas cosas que tenía ya como perdidas. Este tipo es una gran bocanada de aire fresco en mi vida, y me da en la nariz que también en la de muchos de mis cernanos: ha levantado en mis hijos un extraordinario aire solidario y un montón de preguntas sobre la justicia (un gran paso en su educación integral). Cada mañana, cada tarde y cada noche me preguntan por Youssouph, me dan cosas para él, me recomiendan que le lleve a algún sitio para que lo conozca y se preocupan de saber si ha comido, si ha dormido bien y si tendrá frío o tristeza por estar lejos de su país. Él se pasa el día canturreano, riendo, haciéndome preguntas o contándome cosas de su país. Hoy, por ejemplo, me ha contado que tiene cuatro hermanos varones y seis mujeres, y que uno de sus hermanos, David, juega tan bien al fútbol que en el pueblo le llaman Zidane. También me ha dicho que es del Barça, aunque yo creo que lo hace por agradarme, ya que se le nota mucho su venita merengona –todos los inmigrantes que llegaron con él a Béjar eran declarados del Real Madrid... los puñeteros–. En fin, que mis temores se van diluyendo con el roce y cada día veo más salidas dignas para este tipo. Hoy voy dormir como un cosaco, aunque me duela de cojones un dedo de la mano que me he pillado con la máquina de rematar calendarios de pared... soy un torpe para los trabajos de manipulación y se me ha puesto el dedo como la piel de Youssouph. Será el afecto.

24 de diciembre de 2005

La satisfacción me puede hoy con fuerza, pues creo que entre Juan y yo hemos puesto en el buen camino el futuro de Youssouph. Ya tiene una casa digna en la que vivir, amigos con los que compartir su tiempo y unas enormes ganas de hacer y deshacer, comida asegurada y un proyecto de trabajo más o menos estable con el que obtener algo de dinero para enviar a su familia. Y él está absolutamente feliz y me ha hecho uno de los más grandes favores de mi vida: sentirme útil de verdad y capaz de hacer algo con garantía de resultado. Y es que Youssouph me ha dado mucho más de lo que yo pueda darle a él jamás, me ha dado fuerzas renovadas y una fe valiosísima en los valores solidarios. Verle cada día me anima y me construye, y pelear por él me enriquece hasta límites que yo aún no conocía. ¡Gracias, hermano!

Otro detalle de la calidad humana de L.F. y de la magia de los blogs. Al principio de leerle le pedí que me recomendara un libro suyo de poemas para comprarlo ¿y sabes lo qué hizo? me pidió la dirección y me dijo que él me lo regalaba, que tenía por casa. Me envió al menos 8 libros (y no me conocía de nada). Para corresponderle, también yo le envié unos obsequios, aunque lo importante fue su gesto y no el mío.
En su día hice una entrada que se puede ver en mi blog en la etiqueta "Fragmentos".

biquiños,

Aldabra dijo...

Todavía hay esperanza para la humanidad.

Julio Torres dijo...

Ás veces, saber de máis non é bo. En todo caso, hai que ter en conta que non tódalas persoas somos iguais. O do mapa pode estar ben, pero como todo nesta vida ten as cousas boas e as cousas malas. E como todo nesta vida é relativo. Particularmente, non sei que dicir.

Un saúdo
Carpe Diem

http://alareiramaxica.blogspot.com/2009/08/noticia-descuberto-unr-marciano-en.html

Guillermo Pardo dijo...

Aldabra: Gracias por tu interés y por las molestias en pasar tanto texto. Me bastaba con el enlace. Creo que el señor Comendador tiene sobrados motivos para sentirse orgulloso, y no tantos para fustigarse como lo hace. Te reitero mi gratitud y te envío un beso.

Julio: Francamente, prefiro vivir ó día, sen saber máis do que me corresponde, aínda que fose positivo. Saúdos.