miércoles, 25 de mayo de 2011

El celo de una candidata o cómo las personas discapacitadas tienen difícil ejercer el voto

La jornada electoral del 15 de mayo ha sido pródiga en acontecimientos y en sucesos que de no haber sido por el contexto y el trasfondo se quedarían en mera anécdota.
Uno de estos sucesos ocurrió en el pueblo alicantino de L'Alfàs del Pi, donde la candidata del PP a la alcaldía fue protagonista de un hecho que está dando la vuelta al mundo virtual gracias, y se supone que para pesar suyo, de este vídeo en el que se le ve vigilando con celo extremo el cumplimiento de la ley electoral.
En resumen: Maite Huerta, que así se llama la señora candidata a quien se atribuye el hecho, se muestra intransigente ante una electora discapacitada noruega que extrae un sobre de su bolso y se lo da a una supuesta asistente de Protección Civil, que además le sirve de intérprete, para que lo compruebe antes de que se deposite en la urna. Como el sobre lo "toca" la asistente, la candidata trata de impedir que la electora cumpla con lo que se ha propuesto. Y de ahí la bochornosa escena que muestra el vídeo.
En el fondo, Maite Huerta tiene razón. La ley electoral dice que los electores pueden introducir el sobre con la papeleta en la urna, función que hasta este año estaba reservaba a los miembros de la mesa. Comprobados los datos del elector, este entrega al presidente el sobre de votación cerrado. El presidente debe decir en voz alta el nombre de quien vota y, una vez autorizado el voto, devolver el sobre al elector, que lo depositará en la urna. La electora no lo hizo así, sino que se lo entregó a la asistente. A esto se agarró la candidata -dice que la electora fue coaccionada y que la supuesta asistente ejerció de apoderada del PSOE en la jornada electoral- para imponer su criterio y tratar de impedir ese voto.
Fueron las formas las que perdieron a Maite Huerta, que en una actitud impropia de su calidad de servidora pública hizo gala de una prepotencia bien sazonada de mala educación, falta de elegancia y de consideración hacia una persona en inferioridad de condiciones por su estado físico y su indefensión en la misma lengua de la candidata. La cuestión podría haberse resuelto de buenas maneras, sin alteraciones ni altercados, y con el respeto debido por parte de la candidata, que se arrogó atribuciones (¡"No vota, no vota"!) que competen al presidente de la mesa.
La candidata incurrió en un exceso de celo con respecto al artículo 86 de la Ley del Régimen General Electoral, que bien podría haber aplicado con igual intensidad para la observancia del 87, en el que se faculta a las personas discapacitadas a servirse de alguien de su confianza para hacer lo que no pueden por sus propios medios. Si los candidatos, interventores, miembros de mesa, apoderados de partidos, etc. se empleasen con la intransigencia con que lo hizo Maite Huerta, miles de discapacitados tendrían muy difícil poder ejercer el derecho al voto.
El artículo 146 de la citada ley dice que serán castigados con pena de prisión de seis meses a tres años o multa de 12 a 24 meses quienes con violencia o intimidación presionen sobre los electores para que no usen de su derecho, lo ejerciten contra su voluntad o descubran el secreto de voto. ¿Vulneró con su actitud la ley la señora Huerta? En caso afirmativo, ¿recibirá el preceptivo castigo?
Quizá en L'Alfàs del Pi conocen el temperamento de la ya ex candidata del PP a la alcaldía, y quizá por eso perdió en estas elecciones más del 7% de los votos que su partido obtuvo en las del 2007.

1 comentario:

Aldabra dijo...

si todos esos politicuchos emplearan el mismo celo en la persecución de la corrupción en sus filas otro gallo nos cantaría!

biquiños,