martes, 26 de julio de 2011

Lo realmente inquietante del asesino de Oslo

El asesinato puede ser apasionante desde el punto de vista de los móviles que lo desencadenan, sobre todo si son inesperados e inexplicables.
El caso de la matanza de Oslo reúne los ingredientes necesarios para alimentar el interés y el morbo, pero también la preocupación y el temor a que nuestro vecino pueda ser un Breivik (arrestado como sospechoso del crimen) dispuesto a darle al gatillo con pasión redentora.
Es arriesgado y simplista aplicar a una sola causa los motivos que pueda tener alguien para segar vidas con tanta facilidad, frialdad y temeridad, pese a lo cual se ha hecho al señalar desde el primer momento al radicalismo islámico como responsable de la escabechina. Es inevitable: ocurra lo que ocurra y como ocurra, siempre habrá gente convencida de que la barbarie es cosa de los otros, sin pararse ni querer pensar que el bárbaro puede vivir entre nosotros y, lo que es peor por incomprensible, que comparta un ideario que podríamos abrazar prácticamente sin dificultades éticas y morales.
Porque, en efecto, el sospechoso y criminal confeso Breivik es un tipo aparentemente normal, buen vecino, culto, formado, trabajador y que nunca dio que hablar mal a nadie, pero un supuesto asesino en potencia al fin y al cabo. Su perfil encaja como un guante con el de muchos de nosotros.
He visto dos veces el vídeo que Breivik colgó en Youtube, en el que resume su ideario de tal forma que no es difícil llegar a la conclusión de que este individuo vive en otra realidad que lo ha alejado y desconectado de la que le ha tocado vivir. ¿Cómo alguien que no sea un fabulador puede tener como ejemplos de conducta a sujetos a los que no pudo conocer sino a través de reseñas viciadas que ya forman parte de la mitología? Con un tipo así no sirven terapias de choque como las aplicadas al violento protagonista de La naranja mecánica.
Nos rompemos la cabeza tratando de explicar, más por miedo que por ansia de conocimiento, cómo "uno de los nuestros" pudo hacer algo así. Hay opiniones para gustos, incluso teorías que creen hallar en la ficción respuestas a tantas sombrías preguntas.
Todo puede ser, pero lo realmente inquietante es que las ideas de Breivik nos resultan demasiado familiares.

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3 comentarios:

Félix Soria dijo...

Era y es previsible que ocurran y vuelvan a ocurrir barbaridades como la de Noruega.
Los especuladores (por dinero o por poder) y los fomentadores de odio al diferente campan por doquier. Y estos, hagan lo que hagan, parecen contar con el mecánico visto bueno de los legisladores.
Fomentar el odio no es delito, ¡salvo cuando el odio va dirigido contra los que lo consienten!...

Guillermo Pardo dijo...

La última frase es muy acertada, y ejemplos hay un montón.

Aldabra dijo...

cuando suceden estas cosas siempre me acuerdo de la película:

"Durmiendo con su enemigo".

biquiños,