viernes, 28 de octubre de 2011

¿Flexibilidad laboral? No, flexibilidad (mental) empresarial


Mapa del paro por autonomías. Tomado de El blog salmón

Los últimos datos sobre desempleo en España vuelven a poner en evidencia las constantes y reiteradas afirmaciones de quienes, empezando por la patronal española, sostienen que el mercado laboral es rígido.
Hace un par de semanas, la CEOE se descolgaba con una nueva vuelta de tuerca para promover otra reforma del mercado laboral, que a su modo de ver está lastrado por normas y prácticas excesivamente restrictivas, elevado intervencionismo y protección exagerada. No deja de ser curioso que la patronal esgrima argumentos como estos cuando ha promovido, impulsado y desarrollado las reformas laborales anteriores, y participado activamente en ellas introduciendo cláusulas que han convertido la legislación laboral española en una de las más flexibles de Europa aunque solo tengamos en cuenta, y sin ir más lejos, los cuarenta modelos contractuales a los que puede acogerse actualmente un empresario.
En virtud de nuestra legislación laboral, entre 2008 y 2009 se formalizaron en España cerca de 30 millones contratos, el 90% temporales y la mayoría de duración inferior a un mes. ¿Puede entonces afirmarse que el mercado laboral español es rígido?
En virtud de nuestra legislación laboral, en ese mismo período fueron despedidos más de dos millones de trabajadores (2.166.362 para ser exactos), y a 7,5 millones no se les renovaron los contratos. ¿Puede entonces afirmarse que el despido en España es caro?
Suele decirse que en tiempos de crisis hay que aguzar los sentidos y poner imaginación para superarla, un tópico al que se acogen no pocos empresarios que parecen comerse el mundo con su actitud desafiante, supuestamente emprendedora y tos echaos palante a la hora de señalar a los países punteros europeos como ejemplo de eficacia, eficiencia y productividad laboral. Pues bien, en el citado bienio los empresarios propiciaron que solo 58.861 personas pudieran acogerse, ¡en toda España!, a un ERE de reducción de jornada, mecanismo utilizado por los empresarios alemanes (¡esos de los que tanto hablamos pero de los que nada bueno imitamos!) para afrontar el descenso de actividad. Es decir, ante la falta de trabajo los empresarios teutones reducen jornada, los nuestros despiden. ¿Es rígida la legislación laboral en España?
Podríamos hablar de vacaciones, de jornadas continuas o partidas, de formación, de permisos, retribuciones, incentivos, derechos, obligaciones y un largo etcétera, conceptos con los que, comparativamente, las empresas españolas a buen seguro suspenderían las pruebas de estrés en relación con las holandesas, suizas, alemanas, francesas, danesas, noruegas, belgas... a las que, dicen, queremos equipararnos, pero a las que nunca alcanzamos.
Para empezar, sería bueno que flexibilizásemos, sí, pero deberíamos empezar por la mentalidad de nuestros empresarios para que invirtiesen más tiempo y dinero en innovar sus empresas creando laboratorios de ideas (los estadounidenses, esos envidiables magos de la riqueza y el emprendimiento, los llaman think tank) en los que centrifugar y poner a prueba, antes de convertirlas en producto, las propuestas surgidas en el seno de la empresa; incorporando a los trabajadores a los consejos directivos y de administración, incentivando la promoción interna para renovar los cargos jerárquicos y evitar que manden los mismos, repartiendo beneficios a final de ejercicio con los que con su trabajo contribuyen a obtenerlos, equiparando salarios y oportunidades de hombres y mujeres, valorando periódicamente el rendimiento y la idoneidad de cada puesto de trabajo y sugerir propuestas para mejorarlos... En resumen, flexibilizar y modernizar la gestión interna de las empresas.
Hay muchas formas de hacer que una empresa sea viable y rentable, pero no parece la más indicada pretender que lo más penoso de la tarea recaiga siempre en el mismo lado. La Europa a la que queremos parecernos no se construyó ni se construye así.

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