lunes, 16 de noviembre de 2009

"Me abstengo"

Soy ciudadano de a pie y, como tal, intento no pagar el IVA siempre que puedo –creo que está moralmente justificado: ya pago demasiados impuestos y, además, todo el mundo que puede también lo hace–, me descargo música y películas de Internet (está moralmente justificado: los precios son abusivos y todo el mundo lo hace) y estoy pensando trucar la toma de la luz para pagar menos de lo que consumo (está moralmente justificado: las eléctricas son unas sinvergüenzas y todo el mundo que puede lo hace). Si en el futuro el destino me deparara ocupar un cargo público, sé a ciencia cierta que encontraré justificación moral para desviar alguna cantidad de dinero público, ayudar a mis amigos o recibir comisiones. Por eso, ante la que está cayendo, me abstengo de levantar mi dedo acusador. Y espero que mis conocidos más cercanos, que ahora mismo me tienen por persona honesta, no cambiaran de opinión si la prensa aireara mi nombre en algún turbio asunto; si lo hicieran, es decir, si de repente me tacharan de sinvergüenza, debería pensar que bajo esa hipócrita indignación no hay sino envidia. ¿Por qué vamos a exigir una clase política más honesta que el pueblo al que representa?
Roberto García de la Calera. Murcia

Tomada de xlsemanal.com

3 comentarios:

Aldabra dijo...

Humilde y honradamente creo que todo va un poco en función de la medida.

Pago mis impuestos honradamente, desde siempre. Al comienzo de mi carrera administrativa comencé trabajando en el Ministerio de Hacienda. Recuerdo que el año que me casé hice la declaración conjunta como exigía la normativa. Algunas compañeras que se casaron el mismo año que yo la hicieron separada. Por aquel entonces pagué un pastón de dinero y ellas no. Luego vino la ley de poder hacer la declaración separada y a mí no me devolvieron nada. Me quedé con la conciencia tranquila y no pensé que fui una tonta. No podemos hacer mal resguardándonos tras el parapeto del que también (como nosotros) lo hace. Es tan sólo un ejemplo. He podido saltarme la legalidad porque estaba en mis manos pero no lo hice y me siento orgullosa.

Pero tampoco levanto el dedo acusador, los malhechoros, los mentirosos, los malversadores, los ladrones... se caen ellos solitos por su propio peso, más tarde o más pronto.

Y además no somos rectos al 100%, es imposible pero sí unos somos más honrados que otros, de eso no tento ninguna duda.

bicos,

Anónimo dijo...

Soy el que ha escrito el artículo de EL SEMANAL. Creo que no he sabido expresarme porque parece que, en efecto, soy un corrupto en potencia, y creo que no es así. Si utilicé la primera persona es por hacer el mensaje más llamativo, pero la idea que pretendía lanzar era: ¿cómo es posible que todos los que sé que hacéis del chanchullo vuestra forma de vida os atrevéis a criticar la corrupción de la política? ¿No os dais cuenta de que haríais lo mismo si tuvierais la oportunidad? En fin, que lo que me revienta es este fariseísmo de que lo que yo hago sí está justificado pero no lo que hace el prójimo. Lamento si no se me ha entendido.

June Fernández dijo...

Tal vez sea un poco desproporcionado lo que plantea, pero sí que me atrae el mensaje de que es la sociedad en su conjunto la que está criando este atajo de corruptos, y que si se extendieran ciertos valores en la vida cotidiana de las personas de a pie tal vez estas los mantuviesen cuando alcanzaran el poder.