viernes, 12 de marzo de 2010

Delibes y su insoportable banalidad

foto: abc.es
Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.
Miguel Delibes (1920-2010).

Este pensamiento del hoy fallecido escritor y periodista vallisoletano, último de una escuela literaria hispana irrepetible, es buen ejemplo de la humildad y del estoicismo con que cultivó su vida. Delibes, consciente de la finitud humana y de la debilidad de la apariencia, vivió sin petulancia ni estridencias, lejos de la pompa oficial, del boato del papel cuché y del regalo fácil con que los mass media obsequian a los amantes del escaparate.
Él no lo era. Por eso murió como vivió. En silencio. Soportando a duras penas su banalidad, que no pudo derrotarlo ni en los momentos culminantes de su carrera pese a saber como sabía que él es la flor y casi la única nata de las letras españolas desde la segunda mitad del siglo XX.

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Entrevista en El País Semanal
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7 comentarios:

Francisco O. Campillo dijo...

Hoy, todos los amantes de la buena narrativa, estamos un poquito más huérfanos.
Un abrazo.

eulez dijo...

La suerte que tienen estos "banales" es que son inmortales, ahí queda su obra para siempre. Así que, en realidad, Delibes estaba (está) por encima de la banalidad de los vivos y de la transcendencia de la muerte.

Julio Torres dijo...

Nun dos seus libros definiu moi ben o que é a felicidade sen expresala con palabras.

Unha gran perda
Un saúdo

Jaime R. dijo...

Pues este no se despide con demasiado cariño de él: http://www.asueldodemoscu.net/?p=4962

grupo de reflesion dijo...

Se fue su cuerpo, que era un pedazo de España. Pero quedó su espíritu. Siempre serás nuestro Miguél Delibes

Aldabra dijo...

he pasado muy buenos ratos leyéndole y todavía tengo pendiente algunas lecturas más.

recorrió "el camino" con humildad y eso es mucho mérito.

biquiños,

Max Webos dijo...

Un grande de nuestras letras, y sin duda, mi paisano más universal desde Felipe II. Aparte de un escritor brillante en su crudeza y cercanía, era un hombre tranquilo y mundano, el viejo castellano que nos hizo pensar sobre la naturaleza humana a través de la vieja Castilla rural, de las nacientes ciudades industriales de provincias, los campos, los montes...

Se ha ido una persona de moral íntegra y fuerte compromiso político, uno de esos viejos periodistas que ya no quedan, y un magnífico contador de historias.

Si algún antropólogo quisiera dejar testigo del cambio social español en la segunda mitad del siglo pasado, no creo que pudiese encontrar mejor informante que Miguel Delibes. DEP.