sábado, 21 de agosto de 2010

Dios siempre llega en helicóptero


Las campañas de ayuda humanitaria a ciertos países casi nunca tienen los efectos buscados, para mayor desgracia de los miserables. El caso de Pakistán parece uno de los más claros.
La ONU ha expresado su decepción porque apenas ha recibido la mitad de los casi 500 millones de dólares que había solicitado para paliar las devastadoras consecuencias de las inundaciones, prevenir epidemias y salvar la vida de millones de niños.
Personalmente, lamento decirlo, no me causa extrañeza la falta de respuesta internacional. Por una parte, los eufemísticamente llamados "países donantes" -denominación irónica de los ricos donde las haya- tienen demasiados frentes que atender, casi todos artificialmente creados por sus propias políticas abusivas, proteccionistas, colonialistas, tuteladoras.
Por otro, la sociedad (¿los individuos donantes?) se ha cansado de rascarse el bolsillo y de que le toquen la fibra sensible con falsas tragedias naturales en países que emplean las "ayudas humanitarias" en reforzar arsenales armamentísticos, nucleares y cuentas secretas en paraísos fiscales.
Mientras, la población que no se pudre en estercoleros se muere de inanición y se ahoga en monzones nunca imprevistos, auténticos manás anuales de dólares que, esos sí, llegan siempre al destino previsto: el poder.
Y así, un año tras otro también nos llegan, puntuales y previsibles como las lluvias, las mismas y evitables escenas dantescas de siempre, cuyos protagonistas son los infelices de siempre, que ya nacen implorando al dios que llega en helicóptero un puñado de arroz con el que aguantar hasta el próximo monzón.

3 comentarios:

Frank Invernoz dijo...

Totalmente de acuerdo con el post, sólo añadiría que los Estados Unidos con su prepotencia por ser el país más fuerte y poderoso del mundo, apoya bajo cuerda a dictadores de países pobres en Asia, África y en algunas ocasiones lo ha hecho en Hispanoamérica. Es el zorro que entra al gallinero. Lo que hay que procurar es que haya democracia en los países débiles y un reparto equitativo de las riquezas. No se puede aceptar que Carlos Slim sea uno de los millonarios más grandes del mundo y que su país, México, esté sumido y sometido con la mitad de la población viviendo en la miseria. No es de recibo tampoco que un puñado de países del Consejo de (In)Seguridad de las Naciones Unidas sea el que decida iniciar las guerras, que siempre son por motivos económicos para llenar las arcas de los ricos.

Aldabra dijo...

¡ah! ¿pero Dios existe? ¡que me estás contando!

biquiños,

Aldabra dijo...

me he preguntado porque todo el mundo se volcó tanto con Haití y nada con Pakistán, no lo entiendo, en serio.

ni un nº de cuenta, nada donde poder echar una mano.

oí en la radio que ela el mismo país el que ponía trabas para recibir ayudas pero no sé si esto será cierto.

biquiños,