miércoles, 20 de agosto de 2008

La madre de De Juana Chaos no era una puta

Todas las tardes, dos mujeres mayores se sientan frente a frente en el salón de un piso del barrio de Amara de San Sebastián. Son vecinas y consuegras. Una de ellas le va dando con una cucharilla y mucha paciencia un yogur de café a la otra, enferma de Alzheimer. La primera es viuda de un comandante asesinado por ETA en 1977. La segunda es la madre del terrorista Iñaki de Juana Chaos.

No conocía la historia cuyo comienzo acabo de extractar. Me llegó a través de Francisco, editor de Caminando en el desierto, tras la escritura de este post. Gracias, compañero.
Conociendo lo que conocemos de la vida del terrorista vasco es fácil decir de él que es un hijo de puta.
Pero no nos equivoquemos. De acuerdo con el sorprendente relato que Pablo Ordaz hace de ella, Esperanza Chaos Lloret no era tal, sino una señora "elegante y alegre, siempre educada y cordial con nosotros", según expresión de un funcionario de prisiones.

4 comentarios:

Manuel Ortiz dijo...

Conozco bien la historia, entre otras cosas porque soy donostiarra. Y aunque llevo muchos años en Mallorca, viajo allí con frecuencia.

La historia no me sorprende, como no me sorprenden otras historias justamente en sentido contrario.

Lo que no se ha dicho es que el domicilio de este hombre está también muy próximo al de Enrique Múgica Herzog, al que conozco bien, y maldita la gracia que le tiene que hacer tener un vecino como éste.

Francisco O. Campillo dijo...

Cuando leí el artículo... me impactó. La realidad es mucho más compleja de lo que pudiera parecernos a simple vista.
Es fácil estigmatizar y meter todo en un mismo saco, pero no es justo. Aquí tenemos la historia de dos mujeres que son capaces -ambas- de superar barreras que para la mayoría serían infranqueables. Un excelente ejemplo a seguir.

Salondesol dijo...

Magnífico artículo.

Me he quedado "anonadada" por la historia. Se necesita ser muy fuerte de espíritu para besar la mano que te mata.

Existen muchas realidades y muchas de ellas no conocen el odio.

Guillermo Pardo dijo...

Gracias, salondesol. La historia es preciosa y, en efecto, hay que tener mucha fortaleza espiritual para llegar al grado de intimidad a que han llegado estas mujeres. Saludos.